Luis Miguel Pascual
París, 8 may (EFE).- ¿Cómo ha conseguido, en dos años, Luis Enrique exorcizar los fantasmas que atenazaban al PSG en Europa? El técnico español ha conseguido hacer una máquina de ganar, bien engrasada, que no tiembla en la competición continental, algo que sus antecesores no consiguieron pese a la constante inyección de dinero del propietario catarí.
El exentrenador del Barcelona jugará su segunda final de la Liga de Campeones con un equipo que ha forjado a su imagen y semejanza, una ecuación asentada en cinco variables.
Una constante en los equipos que entrena el asturiano, la que atraer hacia sí los focos mediáticos para preservar a su plantilla, lo que libera a los jugadores y les otorga una clara hoja de ruta: seguir las consignas del técnico.
'Lucho' ya lo hizo en el Barcelona y en la selección española, su personalidad se adapta bien a la condición de blanco de las críticas y él sabe atizarlo en las salas de prensa y con decisiones que, en ocasiones, parecen hechas para provocar.
En París lo ha hecho con maestría, lo que le colocó en una situación comprometida al principio de su segunda campaña, pero a base de resultados ha dado la vuelta a la situación y ahora todo el mundo le coloca en el centro del proyecto.
Aunque cuenta con un once bien definido, el técnico presume de tener a todos los jugadores enchufados, soldados consagrados a sus órdenes, que con los meses van cumpliendo sin rechistar. No ha dudado en aplicar mano dura con quienes osaron levantar la voz, como sucedió con Ousmane Dembélé al inicio de temporada.
Los jugadores que tienen menos minutos entran con gran determinación al campo cuando el técnico les requiere, lo que genera que los que más minutos acumulan no puedan relajarse si no quieren perder su puesto.
Sucedió con Bradley Barcola, que ha visto como su puesto en el once de gala ha quedado puesto en entredicho por la emergencia de Desiré Doué y la llegada del georgiano Khvicha Kvaratskhelia, llegado en el mercado invernal y que ha irrumpido como un gran refuerzo para el equipo.
La implicación de todos los jugadores viene acompañada de una preservación de lesiones, que le hace afrontar el tramo final de la temporada con el grueso de su plantilla en perfectas condiciones.
El vestuario, ahora, no duda en ensalzar su trabajo. "Un genio", resumió el capitán, Marquinhos.
Cuando Luis Enrique firmó por el PSG puso una condición clara: el estilo de juego, ofensivo y reconocible, tenía que situarse por encima de los jugadores.
Tras lograr la clasificación para la final de Múnich confesó que este año ha conseguido esa meta. La primera campaña sirvió para tomar contacto y al inicio de la presente le llovían las críticas por un excesivo dogmatismo táctico.
En los momentos más bajos tuvo que reunir a su plantilla para desterrar dudas sobre su trabajo cuando pese a la multitud de ocasiones que creaban no llegaban los buenos resultados.
Ahora alardea de su apuesta, que le ha convertido en uno de los equipos más vistosos de Europa.
Algo que reconocen los aficionados, encantados con contar, al fin, con un equipo que juega en conjunto, que da espectáculo y que gana. Atrás quedan los años de estrellas adquiridas y pagadas a precio de oro, de sus caprichos y altibajos que marcaban la actualidad del club.
El Parque de los Príncipes se ha convertido en un baluarte abarrotado de apasionados que siguen con los ojos bien abiertos las evoluciones de un equipo que ha sabido encandilarles.
El aficionado del PSG ha conectado a la perfección con el carácter de Luis Enrique, su implicación total, su mentalidad guerrera que no hace concesiones con el sacrificio, el esfuerzo, el trabajo, pero también el carácter plástico del fútbol.
"En el fútbol no hay nada mejor que recibir las alabanzas de tus propios aficionados", asegura el entrenador, que no pierde oportunidad para asegurar que la del PSG es "la mejor afición del mundo".
Nadie en París duda ya de Luis Enrique y menos aun en los despachos, donde el entrenador ha conseguido algo que ninguno de sus antecesores logró: coordinar su trabajo con la dirección deportiva y con el propietario catarí.
En el pasado, las decisiones del club se tomaban en Doha o en la dirección deportiva. Ahora, unos y otros trabajan en coordinación y Luis Enrique tiene la última palabra. Luis Campos, el responsable deportivo, ha sabido dar un paso a un lado para dejar toda la luz al español y Nasser Al-Khelaifi ha entendido que el camino de la victoria lo marca la brújula del técnico.
"Aquí me siento cómodo, trabajando con Luis Campos y con el presidente para lograr el objetivo que nos propusimos, hacer historia, ser los primeros en lograr el trofeo tan anhelado", dijo el asturiano.
Independientemente de lo que suceda en la final de Múnich, todo apunta que Luis Enrique se ha aposentado en París para un largo periodo, porque ha sabido resolver la ecuación de un club enfrascado en sus propios fantasmas. EFE
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