Juan José Lahuerta
Leipzig (Alemania), 17 jun (EFE).- En 1960, Checoslovaquia no era un equipo especialmente fuerte. Estaba en pleno proceso de renovación tras el Mundial de Suecia 1958, en el que no pasó de la fase de grupos. Andaba buscando el éxito perdido a finales de los años 30, en los que jugó una final de la Copa del Mundo en 1934 y alcanzó los cuartos en 1938. Entonces eclosionó Josef Masopust, que con 28 años y apenas 13 partidos internacionales volvió a poner a su país en el mapa tras la Eurocopa de 1960.
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Masopust comenzó su carrera en el ZSJ Technomat Teplice en 1950. En 1952 ficho por el Dukla de Praga, que sería el equipo de su vida. Lo dejó en 1968 para firmar un último contrato en el Crossing Molenbee. Se retiró en 1970 y durante tres lustros fue el referente futbolístico de su país.
Su estilo era parecido al del húngaro József Bozsik, un auténtico pulmón incansable que no paraba de generar ocasiones para sus compañeros. Además destacaba por su exquisito control de la pelota y era un asistente de primer nivel.
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En aquella época, Checoslovaquia jugaba con la filosofía de "no arriesgar". Pese a ello Masopust marcó 10 goles en 63 partidos con su selección y 79 en los 386 duelos en los que participó en el Dukla de Praga. Era un centrocampista total que vivió su primera prueba de fuego en la Eurocopa de 1960. Fue su primer gran torneo internacional y en él su selección asomó la cabeza del ostracismo para firmar una digna tercera posición.
Masopust disputó su primer partido en los cuartos de final. En octavos, por lesión, no pudo enfrentarse a Dinamarca. Su equipo se las arregló para pasar de ronda sin la presencia de su estrella, que apareció con fuerza ante Rumanía. Checoslovaquia encarriló la eliminatoria con una victoria (0-2) en la que Masopust abrió el marcador. Después, en la vuelta, firmó otro partidazo para expulsar de la competición a su rival gracias a un contundente 3-0.
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Sin embargo, en semifinales no pudo con la URSS. Checoslovaquia fue bien derrotada. No pudo hacer nada frente al poderío soviético, que ganaría el primer título. Décadas después, recordó en una entrevista con la UEFA aquel partido: "No fuimos capaces de derrotarles porque tenían individualidades muy fuertes, sobre todo el portero Lev Yashin y el centrocampista Igor Netto. La derrota fue dura y la URSS fue campeona merecidamente", dijo.
Checoslovaquia se repuso para el partido por el tercer y cuarto puesto. Superó a Francia 2-0 y consiguió un honorable tercer puesto.
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Masopust lideró el renacimiento de su país, que después, en el Mundial de Chile 1962, fue subcampeón tras caer en la final con la Brasil de Garrincha.
De aquel torneo Masopust salió aún más reforzado y ganó el Balón de Oro. Pero, realmente, donde comenzó a sonar su nombre internacionalmente fue en la Eurocopa de 1960, en la que dirigió con maestría a una selección que recuperó el prestigio perdido. EFE
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