(Bloomberg) -- Los funcionarios del Banco Central Europeo no ven motivos de alarma en las turbulencias del mercado que han afectado a Francia en los últimos días, según personas con conocimiento del asunto.
Las tensiones que han llevado al diferencial entre los rendimientos de los bonos franceses y alemanes a diez años a su mayor aumento semanal jamás registrado y que han reducido en US$200.000 millones el valor de las acciones del país siguen estando contenidas a los ojos de los responsables de la política monetaria, y hasta el viernes no se habían planteado siquiera conversaciones sobre herramientas de crisis, dijeron las personas, que pidieron no ser identificadas porque las deliberaciones son privadas.
Un portavoz del BCE declinó hacer comentarios.
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Las fluctuaciones de los mercados se produjeron a raíz de la convocatoria por parte del presidente Emmanuel Macron de una votación parlamentaria anticipada tras la derrota de su partido frente a la Agrupación Nacional de Marine Le Pen en las elecciones europeas.
La reacción del mercado no se ha limitado a Francia, ya que los diferenciales de los bonos de otros miembros de la zona del euro, como Italia, también se han ampliado. Para el BCE, cualquier perspectiva de contagio podría evocar recuerdos de la crisis de deuda soberana de la región de la década anterior.
El BCE se vería en un aprieto si las turbulencias se descontrolaran y le obligaran a considerar el uso de una de sus herramientas de crisis. El tamaño de la segunda mayor economía de la zona del euro podría exigir una intervención a una escala nunca intentada, y cualquier acción estaría condicionada al cumplimiento de una Administración entrante.
La última vez que los funcionarios tuvieron que recurrir a medidas de emergencia fue hace solo dos años, cuando la perspectiva de que los responsables políticos estuvieran a punto de empezar a subir las tasas de interés hizo que los rendimientos italianos se dispararan.
El ministro de Economía, Bruno Le Maire, advirtió esta semana de que “es posible una crisis de deuda” si gana el partido nacionalista de Le Pen, y también advirtió de que la victoria de una alianza de izquierda recién formada podría provocar la salida de Francia de la Unión Europea. Por su parte, el Gobernador del Banco de Francia, Francois Villeroy de Galhau, afirmó que el próximo Gobierno debe aclarar rápidamente su política económica.
Aunque el BCE está acostumbrado desde hace tiempo a las turbulencias por su experiencia en la crisis de la deuda soberana de la década anterior, su necesidad de actuar de urgencia es cada vez más inusual.
En junio de 2022, los responsables políticos actuaron con gran rapidez ante la crisis de los bonos italianos.
En cuestión de días, la presidenta del BCE, Christine Lagarde, había convocado una reunión de crisis que dirigió desde el sótano de un hotel londinense para garantizar el acuerdo sobre un nuevo instrumento de crisis destinado a evitar la fragmentación de la zona del euro: el denominado Instrumento para la Protección de la Transmisión, TPI.
La creación de ese instrumento y la existencia de otros puede ser un elemento de tranquilidad que permita a los responsables políticos mantenerse optimistas y seguir observando desde el margen.
Pero las recientes turbulencias han suscitado un mayor debate entre inversionistas y analistas sobre las condiciones de una posible activación del TPI, aunque muchos se muestren muy escépticos.
“Si los graves errores fiscales franceses provocan un estallido en los diferenciales de rendimiento, el BCE podría ser reacio a utilizar inmediatamente este instrumento”, escribió esta semana Holger Schmieding, economista jefe de Berenberg Bank, en una nota, argumentando que sería “muy controvertido” dentro del BCE y en la política europea.
Isabel Schnabel, miembro del Comité Ejecutivo que está a cargo de las operaciones de mercado en el BCE, dijo en un discurso sobre política fiscal y monetaria en junio ―antes de las elecciones de la UE y el anuncio de Macron― que el TPI “sólo se utiliza en países que persiguen políticas fiscales y macroeconómicas sólidas y sostenibles”.
Destacó que el banco central “no puede contrarrestar con el instrumento las tensiones persistentes que se deben a los fundamentos de los países”.
Al ser consultada sobre la situación en Francia, Lagarde dijo a los periodistas el viernes que no quería hacer comentarios sobre situaciones políticas internas.
“Simplemente diré que el deber del Banco Central Europeo es cumplir su mandato y mantener la inflación bajo control y llevarla de vuelta a la meta, que es lo que haremos”, dijo en Dubrovnik (Croacia).
Nota Original: ECB Officials See No Cause for Alarm Over French Market Turmoil
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--Con la colaboración de Jana Randow, Jasmina Kuzmanovic, Alessandra Migliaccio y William Horobin.
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