Carlos Expósito
Nairobi, 16 abr (EFE).- La capital de Kenia se ha convertido desde hace un año en refugio para cientos de artistas que huyeron de la guerra de Sudán, como Mozi Muse, el músico al que detuvieron por llevar un cinturón verde, o Adlan Yousif, el escultor cuya mirada hermética habla por sí sola.
El conflicto en curso, que este lunes cumplió un año y que ha provocado la peor ola de desplazados en el mundo, estalló por las tensiones sobre la reforma del Ejército y la integración de las paramilitares Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR) en las tropas regulares.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la guerra ha desplazado a 8,1 millones de personas, de las cuales 1,8 millones se han visto obligados a huir al extranjero, y ha causado al menos 14.600 muertos y 33.000 heridos.
Desde que estalló la contienda, cientos de artistas sudaneses se asentaron en Nairobi, donde a través de distintas disciplinas, como el cine, la música o la pintura, profundizan en la huella que la guerra ha dejado en el país y el papel del arte en su proceso de adaptación.
Preguntado por qué eligió Kenia, cuya cifra de refugiados sudaneses está muy por debajo comparado con los países fronterizos con Sudán, el cineasta Ibrahim 'Snoopy' Ahmad responde tajante a EFE: "Porque quería ir a un país donde todo fuese accesible".
Su compatriota, Adlan Yousif, escultor, añade: "Y porque es fácil y abierto para mí como artista".
Yousif llegó a Nairobi en mayo, un mes después de que empezase la guerra, y a través de Rima, una amiga sudanesa que le ayuda con la traducción, afirma que para él "es mejor que cualquier otro lugar".
Sus palabras, que mezclan el árabe sudanés y el inglés, reflejan su esfuerzo por adaptarse a su nueva realidad.
Su mirada, taciturna mientras relata cómo llegó a Kenia, solo se ilumina de entusiasmo cuando saca su teléfono para mostrar a EFE una fotografía en la que aparece él con una obra suya recién expuesta en el Museo Nacional de Kenia. "Hasta la expusieron dentro de una vitrina", señala orgullosa su amiga.
Al músico Mohamed Siddig, conocido como Mozi Muse, el comienzo del conflicto lo pilló desprevenido mientras ensayaba con su banda en un estudio de música de la capital, Jartum, donde se quedó encerrado por seguridad durante diez días sin poder recibir ayuda.
Tras conseguir salir y visitar a su familia, la situación empeoró. "Había muchos bombardeos y disparos en las calles, así que decidí irme de la ciudad", cuenta, y añade que llegó él solo a Nairobi en mayo de 2023 tras un mes de viaje en autobús atravesando Etiopía.
"Tuve que salir -subraya- para volver a vivir mi vida".
En uno de los controles de carretera, el Ejército sudanés le detuvo porque llevaba puesto un cinturón verde de estilo militar.
"Me dijeron que, con este cinturón, o has matado a alguien o te estás escapando de tu unidad (...). Les dije que lo compré por cinco dólares en la calle tres meses antes de que empezara la guerra", recuerda.
En un pequeño estudio improvisado en su habitación de Nairobi, Muse reproduce a EFE la canción que compuso durante los diez días encerrado en Jartum, aunque la detiene hacia la mitad.
"Está siendo intenso y traumático, es la primera vez que la escucho desde entonces", asegura.
Timeea Mohamed, cineasta, arribó en octubre a Nairobi agradeciendo la "bendición" de estar a salvo.
"Pensaba en lo afortunado que soy porque vi a gente a mi alrededor que fue arrestada, asesinada, secuestrada o que desapareció. Mucha gente de mi barrio ni siquiera puede mudarse a otra ciudad, ni a otro país que sea seguro y decente. Cuando llegué dormí dos noches seguidas", evoca Mohamed.
Ahora, mediante sus documentales, pretende mostrar al mundo la realidad de lo que está ocurriendo en su país, con pena de que un gran número de sus compatriotas no puedan acceder a su contenido debido a las dificultades de usar Internet.
Las telecomunicaciones llevan cortadas en algunas zonas de Sudán, sobre todo en áreas controladas por las FAR, desde hace dos meses.
"Y así es como sucedieron las cosas", señala Snoopy, cuyo arte "trata de mostrarle al otro que no está solo y que hay alguien más en el mundo que sufre de la misma manera".
"Si encuentras que hay otros que están pasando por lo mismo -concluye-, te sentirás un poco aliviado porque puedes compartir tu historia sin sentir que nadie te va a escuchar". EFE
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(foto)(vídeo)
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