Cuba pierde a su mayor showoman, Juana Bacallao

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Raquel Martori

La Habana, 24 feb (EFE).- Derroche de histrionismo, autenticidad y carisma, caracterizaron a la popular showoman cubana Juana Bacallao, que fue nonagenaria y disfrutó una carrera artística por más de siete décadas en los escenarios de los más importantes centros nocturnos y teatros de La Habana.

Neris Amelia Martínez Salazar, nacida el 26 de mayo de 1925 en la barriada habanera Cayo Hueso y conocida también por el nombre artístico de Juana la Cubana o Juana de Cuba -en la isla y el extranjero- entregó su desbordante gracia y alegría dejando en la memoria de muchos su personalidad disparatada capaz de arrancar una contagiosa sonrisa al público en cada presentación.

Desde finales de 2019, Juana se alejó de sus habituales presentaciones nocturnas, y la aparición de la pandemia del coronavirus en la isla al año siguiente marcó el adiós definitivo de la 'Diosa Negra' de las pistas de los cabarés habaneros dada su avanzada edad.

Pero el año 2020 le trajo el Premio Nacional de Humor en reconocimiento a sus aportes al humorismo cubano con su icónico estilo de interpretar canciones, acompañado por su particular gestualidad y excéntrica vestimenta, con lentejuelas, pelucas, guantes, sombreros y gran volumen de maquillaje.

"Solo el Dios divino me retirará porque tengo salud suficiente para mantenerme en la pista de baile. Pero si no gustas a la gente, retírate. Papelazo nunca voy a hacer", declaró en una entrevista.

Su aparente extravagancia se desvanecía en los espectáculos del Copa Room, el Salón Rojo, el Parisién, el Gato Tuerto y el famoso cabaré Tropicana, donde el público reía a carcajadas ante las ocurrencias de aquella muchacha que al quedar huérfana fue a parar a un convento.

El músico Obdulio Morales la descubrió a finales de la década de 1940 cuando Juana entonaba una melodía mientras limpiaba la escalera de una casa en la que era empleada doméstica.

Ella misma contó en varias ocasiones que él le preguntó si quería presentarse a una audición para un papel en un espectáculo que estaba en escena en el Teatro Martí y la bautizó con el nombre artístico "Juana Bacallao". Entonces ella solía decir "¡Qué nombre tan feo!" y Obdulio le decía: "Bueno, ese es el nombre que va a hacerte famosa".

Esa sentencia se hizo realidad y Juana llegó a codearse con grandes figuras de la música cubana como Benny Moré, los compositores Bola de Nieve y Meme Solís, las cantantes Rita Montaner, Celeste Mendoza, Omara Portuondo, Elena Burque, y Celia Cruz y extranjeros como el estadounidense Nat King Cole.

"¡Soy mundial!", solía decir para resaltar su presencia en espectáculos que la llevaron a Estados Unidos, México, Venezuela, República Dominicana, Francia y España.

Recordaba que conoció a Celia Cruz en Los Ángeles y después se encontraron en Francia en el espectáculo 'Cuarenta años después'.

"Celia con ¡Azúcar! y yo con ¡Candela! en el Barrio Latino de París. Duró como 7 horas y pico. La noche entera con madrugada y amanecer", aseguró. Y Celia le dijo: "Usted es la maestra de hoy y de siempre".

Anécdotas acerca de este personaje de la farándula cubana hay diversas, unas contadas por testigos presenciales y otras que podrían contar con los aportes de la fabulación.

Dos de ellas, fueron recogidas en el libro 'Gente que yo quise', del desaparecido escritor y humorista Enrique Núñez Rodríguez, quien dedicó uno de los capítulos a la célebre artista.

En una de las historias, 'El perfume de Paco', narra el encuentro de Juana con el famoso actor español Paco Rabal cuando visitó Cuba, y al presentarlos, la diva cubana le extendió la mano y expresó: "Oh, qué honor, ¡me encantan sus perfumes!". Lo había confundido con el diseñador de modas, también español, Paco Rabanne.

Otro relato se refiere a una de sus actuaciones en Tropicana en una noche en la que estaba invitada una importante delegación de políticos italianos que estaba de visita en la isla por el Gobierno cubano.

Previamente, Juana fue advertida de la presencia de los visitantes por el director artístico y al salir al escenario fue recibida por un aplauso y ella empezó a saludar al público de acuerdo a sus países de procedencia.

"¡Y qué dice la gente de México!", y ¿dónde está la gente de España?! y le correspondían. Después, el saludo de la artista para la delegación italiana fue: "Y qué dice la gente de la mafiaaa?".

Ella afirmaba que el arte viene con la persona y que ese era su caso, "una gracia natural. Yo no he estudiado nunca música. No me guío por libreto ni nada de eso. El arte nace, no se estudia. Mi personalidad vino conmigo para que me defendiera porque de contra que soy fea y sin gracia, a dónde iba a ir a parar".

"He sido una mujer que ha vivido para mi pueblo y para Cuba hasta que llegue la muerte. Algún día me tengo que romper", afirmaba al vislumbrar el final de su existencia.

Y sentenciaba: "No me queda nada por hacer porque ya tengo todo hecho (solo seguir viviendo la) dulce vida con la edad que tengo que estoy divina. No tengo ningún problema en mi vida. Soy una mujer feliz. Tengo de todo". EFE

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(foto)