Grandeza y decadencia en Nápoles del partido político italiano Movimiento 5 Estrellas

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Desde el balcón de su pequeño departamento en Nápoles, Vincenzo Zoppi contempla su barrio empobrecido, que, según él, fue traicionado y abandonado por los políticos italianos.

"¿Sabes cuándo regresarán? Cuando haya elecciones", refunfuña este exmecánico de 70 años, que votó en 2018 por el Movimiento 5 Estrellas (M5S) y jura que no volverá a hacerlo.

Hace cuatro años, el M5S, una formación antisistema que prometía grandes cambios, ganó las legislativas, plebiscitado por millones de electores desilusionados.

"Todos tienen la misma idea: conseguir un escaño. Luego desaparecen" comenta.

Al acercarse las elecciones del 25 de septiembre, el resentimiento de Zoppi es ampliamente compartido en la tercera ciudad más grande de Italia, minada por el desempleo (más del doble de la media nacional), la incuria de los servicios públicos y la delincuencia.

Como la mayoría de las regiones del sur del país, Nápoles, bastión de la Camorra, la mafia local, apoyó masivamente al M5S en 2018, seducido por el "ingreso mínimo ciudadano" para los italianos pobres, su programa antiausteridad y su rechazo de la política tradicional.

Pero el apoyo de la base se debilitó y las encuestas sitúan al M5S a menos de un tercio del 33% que ganó en 2018.

"Los que votaron por nosotros porque éramos la fuerza perturbadora que daría poder al Sur, no lo volverán a hacer", destaca Matteo Brambilla, de 53 años, antiguo miembro del consejo municipal de Nápoles y militante de larga data del partido, que abandonó en octubre del año pasado.

Originalmente, el M5S no se identificaba ni con la izquierda ni con la derecha.

Con una línea euroescéptica, ecologista y antiausteridad, el movimiento dio la espalda a la política profesional, condenó la corrupción y comprometió a la sociedad civil.

- Renta ciudadana -

Pero cuatro años de gobierno dejaron su huella.

"Cinco Estrellas era la expresión de una enorme protesta contra el fracaso de los partidos tradicionales", subraya Giovanni Orsina, director de la escuela de gobierno de la universidad Luiss de Roma. "Pero en el momento en que se entra en el gobierno, la protesta termina", prosigue.

El partido se alió con casi todos sus adversarios políticos: primero con la Liga (antiinmigración), luego con el Partido Democrático (centro/izquierda) y, finalmente, con la gran coalición de Mario Draghi a principios de 2021.

Estos cambios provocaron retrocesos en las políticas, desavenencias públicas entre los líderes de los partidos y acusaciones de "amiguismo".

Según un estudio de YouTrend, el M5S perdió 54% de sus diputados y 45% de sus senadores desde 2018.

Entre ellos se encuentra el ministro de Asuntos Exteriores, Luigi Di Maio, un antiguo dirigente del partido que había dado una pátina más profesional al movimiento fundado por el cómico Beppe Grillo en 2009.

Di Maio desertó en junio junto a decenas de parlamentarios, acusando al actual líder del movimiento, Giuseppe Conte, de intentar frustrar las políticas proeuropeas y atlantistas de Draghi.

Un mes después, Conte retiró su apoyo al gobierno de Draghi, desencadenando una crisis que llevó a la celebración de elecciones anticipadas.

Conte, antiguo profesor de derecho que se convirtió en primer ministro tecnócrata tras las elecciones de 2018, antes de ser sustituido por Draghi, está intentando salvar la balsa. "Somos la fuerza más progresista", insiste.

La "renta ciudadana" que, según el partido, sacó de la pobreza a un millón de italianos, muchos de ellos en Nápoles, sigue siendo su brújula.

Según las últimas cifras del Instituto Nacional de la Seguridad Social, más de 161.000 familias, es decir, más del 13% de la población del área metropolitana de Nápoles, recibieron una media de 637 dólares en el mes de junio.

Pero esta ayuda fue criticada por fomentar el desempleo y el fraude. Según los medios, mafiosos o presos, entre otros, habrían recibido ilegalmente el año pasado hasta 40 millones de euros, una cifra similar en dólares.

ams/mab/pc