Menos de dos años después de haber sido contratada por Facebook para purgar las peligrosas distorsiones que plagaban a la plataforma, Frances Haugen estaba harta.
El idealismo que ella y muchos otros habían depositado en las promesas de Facebook de corregir sus errores se había esfumado. Era obvio que la empresa tecnológica y su filial Instagram estaban haciéndole daño a sus usuarios y se resistían al cambio. El mundo tenía que saber lo que estaba pasando.
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Cuando Haugen, una científica de datos de 37 años, accedió a testificar ante el Congreso de Estados Unidos la semana pasada sobre los perjuicios de Facebook, fue muy probablemente la decisión más importante de su vida.
Y para las redes sociales, que se han convertido en una de las fuerzas más potentes de la sociedad moderna, la advertencia fue clara: ha llegado la hora de los denunciantes.
“Ha empezado a haber cierta concientización entre los empleados de las grandes empresas tecnológicas, que de repente se preguntan, ‘¿qué estoy haciendo aquí?’”, dijo Jonas Kron de Trillium Investment Management, una asociación que le ha pedido a Google proteger a los empleados que destapan actividades indebidas.
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“Cuando tienes a cientos de miles personas haciéndose esa pregunta, es inevitable que algunas sacarán sus quejas a la luz pública”, añadió.
Haugen es de lejos la más visible entre dichos denunciantes. Y sus quejas de que Facebook y las demás plataformas le causan daño a los niños y provocan la polarización política —algo que se destila de las investigaciones internas realizadas por el mismo Facebook— son probablemente las más mordaces.
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Pero Haugen es apenas la denunciante pública más reciente, ha habido muchos antes. Casi todas han sido mujeres, y los expertos señalan que eso no es por casualidad.
A pesar de los avances logrados, las mujeres y especialmente las mujeres de minorías étnicas siguen siendo minoría en el sector tecnológico, señala Ellen Pao, la ejecutiva que en 2012 demandó a la empresa Kleiner Perkins acusándole de discriminación de género.
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Esa realidad hace que las mujeres sean más críticas y les permite “ver esos problemas sistémicos de una manera que quienes son parte del sistema, quienes se benefician del sistema y quienes están más arraigados en el sistema no pueden ver”, indicó Pao.
En años recientes, empleados en empresas como Google, Pinterest, Uber y Theranos, y otros empleados de Facebook, han salido a la luz pública para sonar la alarma sobre lo que consideran abuso de poder por parte de la alta gerencia.
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