Amanece en los suburbios de Dakar y Mame Mor Anta Ly lava su caballo al abrigo de un puente de carretera, mientras espera que los contraten a los dos a jornal. Es uno de los senegaleses que van a la capital con un percherón para ganarse la vida.
Llegan de los pueblos en busca de trabajo y algo de dinero, pero pasan miserias y sufren el desprecio de los habitantes de la ciudad.
"Hay momentos en los que me paso todo el día esperando", dice Mame Mor Anta Ly, de 40 años.
Decenas de caballos de otros dueños se alimentan en abrevaderos improvisados en bidones o bañeras oxidadas.
Esperan en el mismo lugar a que alguien los contrate para el día para alguna tarea tediosa, como el transporte de sacos de cemento, en carretas rudimentarias formadas por un eje, dos ruedas, un varal y una plataforma de madera en la que el conductor suele ir sentado.
Estos vehículos son omnipresentes en Dakar, en barrios en construcción, pero también en las carreteras transitadas. Confieren una imagen peculiar a esta ciudad de 3,5 millones de habitantes con sed de modernidad y expansión.
Transportan a personas y bienes a bajo precio, materiales de construcción, cisternas de agua y hasta desechos en los barrios por los que no pasan los camiones de la basura.
Son un complemento para los campesinos que casi no tienen ingresos fuera de la temporada de la cosecha por lo que parte del año se van a Dakar, explica Alphonse Sene, jefe de un departamento del ministerio de Agricultura. Otros viven todo el año en la capital.
Él calcula que hay 7.000 conductores de carretas en la capital senegalesa. Y el número va en aumento.
- También jóvenes -
"Crece porque en las zonas rurales hay un problema de empleo", afirma.
Senegal cuenta con alrededor de un millón de caballos y burros, asegura Emmanuel Boure Sarr, representante de Brooke, una organización de defensa de los animales.
"Con la urbanización, la moda del transporte en caballo ha aumentado porque muchos jóvenes se han ido de las regiones para venir a Dakar". Muchos jóvenes también conducen carretas -señala- en un país donde más de la mitad de la población tiene menos de 20 años y está desempleada.
Alrededor del 40% de la población vive con menos de 1,9 dólares (1,7 euros) al día, según el Banco Mundial.
En comparación, un carretero puede ganar el equivalente a entre 7 y 10 euros (8,5 y 12 dólares) por día, dicen varios de ellos. Pero su vida es dura.
"Es muy difícil", cuenta Mame Mor Anta Ly, quien dice que se gasta 3,7 euros (4,5 dólares) al día "solo en alimentar al caballo".
Además en una ciudad donde el tráfico crece a diario, con los consiguientes accidentes y atascos, sufren la hostilidad de otros usuarios que no se adaptan bien al paso lento de los caballos.
"Nadie nos respeta. La gente se cree que estamos en el nivel más bajo", dice Malick Seck, quien paró su carreta frente a un establecimiento de materiales de construcción.
- Insultos, malos tratos -
Unos colegas suyos cuentan que la policía puede ordenarles salir de la calzada sin un motivo y que los vecinos ponen obstáculos para impedir que las carretas aparquen cerca de sus casas o durante la noche.
"Nos insultan y nos maltratan todo el día", protesta uno de ellos, Assane Ndiaye.
Senegal adoptó en 2016 varias normas que imponen que los carreteros tengan un permiso e iluminación, y restringen su espacio de circulación. Son reglas que no suelen aplicarse.
Alphonse Sene, del ministerio de Ganadería, afirma que se sigue de cerca el tráfico de carretas en Dakar para revisar posiblemente la normativa. No se descarta tampoco que las autoridades municipales terminen prohibiéndolos, afirma.
La mayoría de los conductores de carretas no conocen estas reglas. Y de todos modos no tienen elección.
A Diodio Niamen, de 51 años, le gustaría pasar todo el año en el pueblo, a unos 140 km de Dakar, y vivir de la tierra. "Cuando vengo a Dakar -dice- es porque ya no tengo dinero". "No hay alternativa".
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