"¡Nikol, traidor!", grita la multitud en Armenia por Karabaj

"¡Dimisión!", "traidor a la nación". Gritos de rabia estremecieron Ereván después de que el primer ministro armenio, Nikol Pashinian, anunciara un acuerdo de alto el fuego en Nagorno Karabaj que consagra la victoria militar de Azerbaiyán.

Eran casi las dos de la madrugada en la capital armenia cuando el primer ministro anunció en su página de Facebook la "decisión increíblemente dolorosa para mí y para nuestro pueblo".

Es decir, las tropas armenias han perdido la guerra que se libra desde hace casi dos meses en el enclave independentista. La noticia corrió como la pólvora en Ereván.

De repente unos vehículos recorrieron las principales avenidas de la ciudad. En medio de un concierto de bocinas, los coches convergían hacia la sede del gobierno, en la inmensa Plaza de la República rodeada de sus imponentes edificios de arenisca rosa.

Grupos de hombres enfadados aparecieron en las calles. A paso rápido y dando voces invadieron la calzada. "¡Así que nuestros soldados han muerto por nada!" Gritos, insultos, maldiciones... el primer ministro es el principal blanco de la agresividad: "¡Pashinian, dimisión!", coreaban cientos de alborotadores, congregados frente a la sede del gobierno, en la que irrumpieron poco después.

Rompieron cristales, arrancaron una cortina, saquearon una oficina cercana a la entrada, tiraron al suelo archivos y plantas. Los pocos policías presentes no intervinieron. Eran muy inferiores en número.

- Agresivos y desanimados -

Pashinian llegó al poder en 2018 después de una revolución popular contra los caciques del antiguo régimen de la era soviética. Esta noche una muchedumbre pide su renuncia pero resulta difícil saber quiénes la exigen.

Bajo las arañas de cristal, los alborotadores ocuparon el amplio vestíbulo de la entrada, las escaleras de mármol blanco que conducen a los pisos superiores. Algunos se adentraron, en pequeños grupos, en las entrañas y las distintas salas del edificio.

Algunos eran detenidos por un policía con quepis o por un puñado de soldados, otros desaparecían discretamente en los pasillos de alfombra roja.

La tensión era palpable. Estallaron peleas entre quienes querían dar rienda suelta a su rabia con todavía más violencia contra el primer ministro -que no se encontraba en el lugar- y otros que intentaban impedirlo. "No dañes nada, este edificio pertenece al pueblo", dijo uno de ellos.

Alguien agitó una enorme bandera armenia. Repetían una y otra vez: "¡Karabaj es nuestro!" "¡Nikol (Pashinian), traidor!".

Varios líderes, uno con una chaqueta militar que le daba una apariencia de autoridad, intentaban hablar con un megáfono en las escaleras. También en la entrada o en la explanada del edificio. Los interrumpían cada dos por tres. Gritos, empujones y luego nada, una extraña mezcla de profunda ira, agresividad y desánimo.

Las mismas escenas se repitieron durante casi dos horas.

La multitud se fue yendo sin más, imagen del desconcierto de los armenios ante la derrota. Una hilera de policías, con mascarrillas anticovid aprovecharon entonces para subir a los pisos del edificio y retomar el control.

"¡Todos al Parlamento!", soltó alguien. Un grupo de diez hombres con aire siniestro, manos en los bolsillos de sus plumíferos negros y capuchas en la cabeza, pusieron rumbo con paso decidido hacia la Asamblea Nacional, a más de un kilómetro de distancia, que también fue ocupada por manifestantes enfurecidos.

- "¡Cállate la boca!" -

Allí, el ambiente era más tenso si cabe. También había grupos que increpaban y llegaban a las manos. En las escalinatas del inmenso palacio, en los vastos salones y sobre todo en las hileras de asientos de la asamblea, lloraban la derrota.

El presidente del parlamento recibió golpes y resultó herido, según imágenes publicadas en las redes sociales. Las oficinas de los diputados tenían las puertas abiertas de par en par y los papeles tirados en el suelo daban fe de que habían recibido visitas de alborotadores, que aparentemente desarmados y con rostro sombrío deambulaban por los pasillos.

Estallaron peleas en la tribuna, un diputado de la oposición se desgañitó para intentar tomar la palabra bajo los abucheos. Lo mismo le ocurrió a un oficial que se apoderó de un megáfono. "¡Cállate la boca!", soltó alguien enardecido entre la audiencia.

"¡Traigan a Pashinian, que nos explique por qué murieron nuestros hijos!", "hay que romper el acuerdo de alto el fuego", "nuestros generales deben tomar el poder", "¡Putin, ven a ayudarnos!", se oía.

En la tribuna o entre la muchedumbre que ocupaba a empujones los asientos de los diputados, el ambiente explosivo auguraba una profunda crisis política en Armenia.

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