MOSCÚ (AP) — El asediado presidente de Kirguistán, Sooronbai Jeenbekov, renunció el jueves luego de protestas en torno a una disputada elección parlamentaria, la tercera ocasión en 15 años que un líder del país del centro de Asia ha sido derrocado por un levantamiento popular.
Los simpatizantes del rival de Jeenbekov, el recién designado primer ministro Sadyr Zhaparov, salieron a las calles de la capital Biskek y amenazaron con tomar los edificios del gobierno si no es nombrado presidente interino. Según la Constitución, el presidente del Parlamento sería el siguiente en la línea sucesoria, pero éste rechazó fungir como dirigente provisional, de acuerdo con Zhaparov, quien reclamó el cargo.
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Los rápidos acontecimientos coronaron una crisis gubernamental que fue vertiginosa incluso para la caótica política de Kirguistán, la cual está influenciada por clanes.
El mandatario renunció luego de agitación que sacudió al país de 6,5 millones de habitantes fronterizo con China desde las elecciones parlamentarias del 4 de octubre, en las cuales partidos pro gubernamentales obtuvieron un triunfo abrumador.
Los simpatizantes de grupos de oposición rechazaron los resultados, denunciando que los comicios habían estado marcados por compra de votos y otras irregularidades, y tomaron edificios gubernamentales horas después del cierre de las urnas. Los manifestantes liberaron a varios líderes de oposición, incluido a Zhaparov, quien cumplía una sentencia de 11 años de prisión.
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La Comisión Electoral Central anuló los resultados de las elecciones y los clanes rivales regionales comenzaron a forcejear por el poder. Sus simpatizantes llenaron la capital y en ocasiones se enfrentaban entre sí, lanzándose piedras.
Jeenbekov, que había implementado un estado de excepción en Biskek y emplazó soldados en la capital, rechazó el miércoles las exhortaciones para que renunciara. Pero en un comunicado emitido el jueves por su oficina, dijo que temía que se desatara la violencia si permanecía en el cargo, señalando que los manifestantes estaban enfrentándose a la policía y a las fuerzas armadas.
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“En este caso, se derramará sangre. Es inevitable”, dijo Jeenbekov. “No quiero pasar a la historia como un presidente que derramó sangre y le disparó a sus propios ciudadanos”.
Agregó que la situación en Biskek “sigue tensa” y que no quería agravar esas tensiones. Exhortó a los políticos de oposición a que retiren a sus simpatizantes de las calles y devuelvan "la vida pacífica a la gente”.
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El periodista de The Associated Press Vladimir Isachenkov contribuyó con este despacho desde Moscú.
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