"Wuhai", un hombre desesperado como símbolo del daño de la globalización

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El director chino Ziyang Zhou
El director chino Ziyang Zhou (arriba, dcha.), el actor Huang Xuan (abajo) y las productoras Luna Wang y Yini Qian, han participado telemáticamente este jueves en la presentación de su película "Wuhai", que compite en la sección oficial del 68 Festival Internacional de Cine de San Sebastián. EFE/Javier Etxezarreta

San Sebastián (España), 24 sep (EFE).- El director Ziyang Zhou presentó hoy vía satélite en San Sebastián su película "Wuhai", un thriller social de momentos trágicos, que el propio director sitúa en el "género realista y de emociones", del que destaca su inmersión en "la familia y en la naturaleza humana".
Zhou defendió su cinta, a concurso en la Sección Oficial del 68 Festival de cine de San Sebastián, acompañado por el actor protagonista, Xuan Huang, y dos de las productoras, Luna Wang y Yini Quian.
Aunque llena de simbolismos, "Wuhai" está rodada en la ciudad que da nombre a la cinta, una localidad de la Mongolia Interior donde existe un parque de dinosaurios instalado en medio del desierto, rodeado de montañas y salpicado de lagunas mágicas, que al director le pareció único para contar la realidad que quería mostrar.
"'Wuhai' significa 'mar negro' y aparte de ser un lugar físico es un símbolo de la propia naturaleza humana, que es oscura, es un mar lleno de dificultades y de cambios", afirmó Zhou.
La película comienza reproduciendo un vídeo que el protagonista ve en su móvil, en la cocina de su lujosa casa: son unos pescadores africanos localizando peces vivos bajo una capa de tierra agrietada.
"Vi ese documental hace años y me impactó cómo los peces volvían a la vida tras cuatro o cinco años sin agua. Era la resistencia de la vida y su relación con el subconsciente", explicó el director.
Si esa es la primera escena, la segunda ya da pistas de la historia: este joven sale corriendo de su casa, acorralado por acreedores que le piden mucho dinero; entre la lluvia, sus pies corren desde el empedrado de la calle hasta la arena del desierto.
El actor Xuan Huang, como el director, baja intensidad al drama y explica que "al principio", cuando leyó el guion, no sintió "nada especial".
"Vi un personaje un poco extremo, pero al rodar sentí la presión brutal que él sufre y las emociones me afectaron tanto que acabé discutiendo varias veces con el director", confesó.
Este famosísimo actor chino, que igual rueda grandes cintas comerciales, que pequeñas obras de autor, es Yang Hua, casado con la Miao Wei (Yang Zishan).
Él proviene de una familia pobre, pero la familia de ella les ha comprado casi todo lo que tienen; sus padres hostigan constantemente a Yang, al que recriminan haber dejado su trabajo para embarcarse en el negocio de un resort con yurtas de diseño que ha salido mal y ahora debe mucho dinero; su mujer, que es profesora de yoga, está cansada y recupera vía móvil una antigua amistad del instituto.
El drama carga las tintas cuando se descubre que el amigo con el que se alía es un mafioso, extorsionador y corrupto, que no tiene la menor intención de devolver a Yang el dinero prestado. Acosado por la familia, los amigos y los acreedores, Yang Hua cae en el pozo más profundo de la desesperación y comete un crimen tras otro.
"El desenlace es el único posible: muestra a una persona de buen corazón que se ve obligado a matar a su propia mujer para sobrevivir a los problemas sociales, al destino y a la naturaleza humana", desveló el director.
Por debajo, la intensa obsesión de los chinos por el dinero, por la posesión de objetos de lujo; Ziyang Zhou explica que su intención mostrando esta sociedad, que resulta a ojos occidentales, demasiado vehemente, es denunciar "cómo el globalismo y el desarrollo económico de los últimos 20 o 30 años ha dañado a la sociedad china".
"Es una crítica a la obsesión por las cosas materiales, quiero criticar, no exaltar", precisó el director, que eleva la presencia en la cinta de pequeños objetos, como los teléfonos móviles o las cámaras remotas, como partes importantes de la narración.
La belleza del paisaje se complementa con el simbolismo de esos dinosaurios, recreados a tamaño natural, que son la metáfora "de la situación extrema que vive el protagonista", el "símbolo -dijo Zhou- de que puede pasar cualquier cosa". En realidad, añadió, "tanto los peces como los dinosaurios son metáforas del destino de las personas".
Según las productoras, aunque la sociedad china aceptó bien "la fuerza" de la película" y no hubo "mayor problema" con la financiación, fue difícil pasar la censura china, le deben el rodaje en el dino-parque a las autoridades locales, aunque éstas no salen precisamente bien paradas en la cinta.