La pandemia frena, pero no derrota a jóvenes ecologistas

Jamie Margolin no esperaba estar sentada en su cuarto ahora mismo.

Está en el último curso de secundaria y tenía previsto graduarse y celebrar su fiesta de fin de curso, pero también mucho más: un viaje de campaña en autobús por varios estados con otros activistas climáticos. Una gira presentando su nuevo libro. Asistir a una de las marchas masivas que se habían planificado por el 50 aniversario del Día de la Tierra.

Pero la pandemia llegó a Seattle, donde vive, y sus planes se desvanecieron.

“Pero queda mucho por hacer”, dijo Margolin, sentada ante su computadora para hacer una entrevista por videoconferencia desde su habitación.

Como muchos activistas jóvenes que han ayudado a consolidar lo que se ha convertido en un movimiento climático global, Margolin no va a dejar que un virus la detenga. Se están organizando desde sus casas, desde Estados Unidos a Ecuador, Uganda, India y muchos más lugares.

Y aunque algunos temen haber perdido impulso con la pandemia, están decididos a seguir presionando, y por ahora, a aprovechar la tecnología.

Como no pueden congregarse como habían previsto, en este Día de la Tierra preparan charlas y cursos a través de internet para mantener la cuestión del clima en los medios internacionales y en la campaña presidencial estadounidense.

Uno de los actos convocados es Earth Day Live, organizado por una coalición de grupos climáticos como Zero Hour, que tiene a Margolin entre sus líderes. Como muchos otros activistas jóvenes, empezó a participar en el movimiento criticando a la industria de los combustibles fósiles mucho antes de que la sueca Greta Thunberg alcanzara fama internacional.

Organizarse a través de internet no es tan fácil en algunos países. En Uganda, el activista Mulindwa Moses señaló que solo un tercio de la población tiene Wi-Fi. El estudiante de 23 años, que también está en cuarentena, espera a su oportunidad de volver a plantar árboles y hablar en persona con los jóvenes de su país.

Como los fundadores originales del Earth Day, es uno de los que empezó a implicarse movido por cuestiones locales, que en definitiva estaban conectados con el cambio climático global.

Durante sus viajes en el este de Uganda, Moses se reunió con familias que habían perdido sus hogares en deslizamientos de lodo causados por lluvias torrenciales.

“Recuerdo una conversación con una chica, había perdido a sus padres y tenía que cuidar de sus hermanos. Sufría muchísimo”, dijo.

De modo que el año pasado inició una campaña instando a los ciudadanos a plantar “dos árboles a la semana” y repoblar sus bosques para combatir la deforestación y los deslizamientos agravados por el cambio en los patrones climatológicos.

En Ecuador, Helena Gualinga, de 18 años, también ha tenido que suspender sus viajes.

Gualinga nació en la comunidad indígena sarayaku, que habla quechua e incluye a unas 1.200 personas en la Amazonía. Ella dice haber aprendido del ejemplo de sus padres y sus ancestros para defender los derechos de su pueblo. Su lucha ha sido contra un gobierno que creen ha entregado su tierra con demasiada libertad a empresas mineras y petroleras.

Ahora, señaló, sabe que tiene voz.

Tia Nelson, hija del fallecido senador Gaylord Nelson de Wisconsin, fundador del Día de la Tierra, dijo que su padre apreciaría la determinación de esta generación, igual que hizo con los jóvenes que convirtieron el primer Día de la Tierra en un gran éxito en 1970.

“El movimiento climático juvenil de hoy tiene un impacto significativo e importante haciendo exactamente lo que había soñado mi padre en el primer Día de la Tierra: conseguir una manifestación pública lo bastante grande como para sacar de su letargo a la clase política establecida”, dijo Tia Nelson. “El movimiento juvenil de hace 50 años hizo eso. El movimiento juvenil de hoy en torno al cambio climático está haciendo lo mismo”.

Nelson, directora climática en la Fundación Outrider, con sede en Washington, dijo estar especialmente entusiasmada por sondeos que mostraban que los jóvenes republicanos estaban tan preocupados por el cambio climático como los demócratas.

Peter Nicholson, que ayuda a dirigir Foresight Prep, un programa de verano sobre justicia ambiental en la Universidad de Loyola en Chicago, señaló que la crisis del coronavirus solo subraya la idea de que “todos estamos conectados”.

“El cambio climático no es menos real”, señaló. “Es solo que el ciclo es mucho más largo”.

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