El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, declaró este jueves que se siente “bastante optimista” sobre las negociaciones de paz con Irán, aunque reconoció que no hay certeza sobre “cuándo —o si— se firmará” el memorando de entendimiento que Washington anunció haber alcanzado y que Teherán negó horas después.
Vance habló con periodistas cuando regresaba de una ceremonia de graduación de la fuerza aérea en Colorado. Confirmó que ambas partes siguen intercambiando propuestas y que el alto el fuego, pese a los ataques intermitentes, “se mantiene”. El objetivo es preparar el terreno para una “negociación exitosa”, aunque el vicepresidente admitió que varios detalles “requerirán un poco de tiempo”.
“Estamos llegando a un punto en el que, potencialmente, podríamos sentarnos a la mesa y zanjar estas cuestiones; sin embargo, eso exige avanzar un poco más. No puedo garantizar que lleguemos a ese punto, pero, tal como están las cosas, me siento bastante optimista”, declaró.
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La jornada comenzó con un anuncio de alto voltaje. Varios medios estadounidenses, citando dos funcionarios estadounidenses y una fuente regional, informó que ambos países alcanzaron un preacuerdo sobre un memorando de 60 días, pendiente de la aprobación de Trump. Horas más tarde, la agencia semioficial iraní Tasnim lo desmintió: Irán tampoco había informado al mediador Pakistán de que el documento estuviera listo.
El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, advirtió que Trump no aceptaría “un mal” pacto y fijó las “líneas rojas” de Washington: entrega del uranio altamente enriquecido, compromiso de no desarrollar arma nuclear y libre tránsito por el estrecho de Ormuz, cuyo cierre ha perturbado los mercados energéticos desde el inicio del conflicto.
Vance identificó dos escollos sin resolver: el destino de las reservas de uranio enriquecido y “la cuestión del enriquecimiento propiamente dicho”. Irán acumula, según estimaciones del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) previas a la guerra, alrededor de 440 kilos de uranio enriquecido al 60%. Ese nivel está alejado del grado armamentístico —que exige superar el 90%—, pero genera alarma en Washington y Tel Aviv. El líder supremo iraní, Alí Khamenei, prohibió la exportación de ese material, una exigencia que Washington considera innegociable.
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El vicepresidente subrayó la importancia de la verificación para “garantizar el cumplimiento por parte de Irán” y auguró que el pacto tendría, de tener éxito, “un impacto significativo en las capacidades militares y nucleares de Irán”.
El conflicto estalló el 28 de febrero, cuando Washington e Israel lanzaron una campaña de bombardeos conjunta horas después de concluir la última ronda de conversaciones nucleares en Ginebra. Desde entonces, Pakistán ejerce como mediador. El marco contemplaría, según Reuters y Axios, un documento de 14 puntos que declararía el fin de las hostilidades y abriría negociaciones de entre 30 y 60 días sobre asuntos nucleares, sanciones y fondos congelados.
No es la primera vez que funcionarios de Washington proyectan optimismo sin que este se materialice. Las conversaciones las conducen el enviado especial Steve Witkoff y Jared Kushner, yerno de Trump. El estrecho de Ormuz, por cuyas aguas transita cerca del 20% del comercio mundial de petróleo, permanece cerrado y sigue siendo el principal instrumento de presión de Teherán. La distancia entre ambas posiciones es considerable, y el optimismo de Vance convive con la incertidumbre que él mismo admite.
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