El fútbol era, a comienzos de la década del 60, muchas cosas tan incomprobables como creíbles. Lo que nos contaban los más grandes, los que sabían, respecto de esas hazañas con la pelota de cuero que pesaba más que el alma cuando se perdía (y más en una cancha pesada como la del Monumental ayer) y seguía siendo pesada, pero posible cuando se ganaba. Esas hazañas tenían héroes de pantalones cortos y jopos grandes.
El fútbol era lo que devorábamos leyendo Noticias Gráficas, las 5ta y 6ta de La Razón, no dejando que se nos escape el "canilla" que las voceaba yéndose a los piques. Era la Biblia deportiva que llegaba semanalmente con El Gráfico y no mucho más. Eran los viejos que nos transmitían saberes, historias y conocimientos en esa " ciencia" de la pelota.
En ese comienzo de los 60 conseguimos con mi hermano Roberto que mi viejo (recién había cumplido 40 pero ya le decían Don Julio, ¡que tiempos y qué modismos!), diera por prescriptas la gran tristeza y las suspicacias de 1956 (cuando Lanús perdió el título con River) y accediera a acompañarnos a la cancha. Queríamos ver in situ todo lo que sentíamos y vivíamos en el potrero, en la Canchita de la Compañía, allí enfrente del Hospital Evita (en ese momento Aráoz Alfaro, por rebautismo de la Libertadora), apenas a dos cuadras de nuestra casa.
Y allí Don Julio, el viejo-joven se reconcilió con el fútbol, pero desde donde le interesó siempre, desde donde el juego se hace emoción innegociable.
- Porque el equipo jugó bien y así es más fácil ganar. Y si no ganás, demostrás muchas cosas que muchas veces un resultado a favor no explica.
- Porque me hacen acordar a los grandes jugadores de Lanús, a los del 56, son Globetrotters (porque así denominaban al equipo del 56, que era como decir Brasil en los 70, u Holanda en el 74, o los Lakers con Jordan o actualmente el Barcelona).
¡Qué tiene de malo para un humilde ser exagerado con el fútbol! Si es una de las pocas cosas en las que se puede sacar chapa y lograr respeto de los demás.
Casi como le pasó a Lanús en esta final con San Lorenzo. Es que estaba implícito que no había que dejar ninguna duda. Por eso con estos campeones estaban también Álvarez Vega, Prato, Beltrán, Daponte, Guidi, Nazionale, Carranza, Emilio Fernández o Gil, Cejas o el Tanque Rojas, Lugo, Reynoso o Moyano. Los Globetrotters. Pero también el Mono Irusta, Pando Silva, Acosta, Demario. Y Ramón Cabrero, presente y dando testimonio hoy en el Monumental.
Pero me quedó allá, en los 60. Y me imagino la sonrisa de mi viejo. Y sus serenas expresiones respetuosas y no negociables:
- Sí, viejo.
- Y, viejo. Donde estés disfrutá a tu Lanús. Ambos se merecen.
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