Proteger el derecho de autor es fortalecer la cultura

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El derecho de autor, como su nombre lo indica, es aquel que reafirma que el autor tiene potestad sobre lo que escribió, no sólo a nivel moral, sino también en orden a ser retribuido económicamente por su obra, y así vivir de su trabajo.


Como es muy difícil defender este derecho en forma individual, en 2000 se creó Cadra, una asociación civil sin fines de lucro que protege colectivamente los derechos de sus socios. Hoy está integrada por 1.220 autores y 224 editores de libros y publicaciones. Para cumplir con su objetivo, la entidad realiza distintas acciones: en primer lugar, crear conciencia sobre la importancia del trabajo del creador tanto de literatura como de libros técnicos. Bregar por la defensa del derecho de autor no es restringir el acceso a los bienes culturales, sino justamente lo contrario: promoverlos y encontrar nuevas formas de divulgación. Cadra, como asociación que nuclea a autores y editores, es la principal interesada en que todos accedan a la educación y la cultura.


Los países que protegen a sus autores, y tienen asociaciones que lo hacen, son aquellos con una cultura sólida y que permanentemente están sumando obras de conocimiento técnico. El autor invierte su saber, su creación y su tiempo en la realización de un texto. Después, el editor pone en funcionamiento una maquinaria que genera trabajo de calidad en la industria cultural: implica correctores, diseñadores, diagramadores. Luego imprime la obra final y la distribuye para que esté al alcance de todos. Esa cadena de trabajo debe ser reconocida para fortalecer la cultura, la difusión de obras creativas y la producción de conocimiento.


Otra acción de Cadra tiene que ver con las nuevas herramientas tecnológicas, que facilitan las copias digitales o en papel. En este sentido, la entidad busca que el usuario que necesita acceder al material lo encuentre a través de medios legales. Por este motivo, la asociación denuncia a las redes de piratería que generan miles de copias en el mercado negro de libros y a los servicios de internet que lucran en la medida en que comparten obras no autorizadas, lo que perjudica al autor y también al lector, ya que muchas veces la copia no es fiel.


También en las últimas décadas ha cambiado la forma de estudiar; los alumnos ya no necesitan leer y comprar un libro completo, sino sólo un capítulo específico sobre un tema. Para que los estudiantes accedan a las copias en forma legal, Cadra realiza acuerdos con universidades, bibliotecas, organismos de gobierno, empresas y centros de copiado, a los que les otorga licencias para reproducir un porcentaje de las publicaciones. Como contrapartida, recibe un canon que distribuye entre los autores y los editores asociados para que reciban una compensación por el material utilizado.


A través de distintas acciones, Cadra busca ser un puente entre todos los que necesitan acceder a los contenidos y los creadores de esas obras, para que puedan vivir de su trabajo, y sigan aportando a nuestra cultura y conocimiento.


El autor es presidente de CADRA (Centro de Administración de Derechos Reprográficos).