¿Comiste algo amargo y te pusiste a criticar todo? ¿Sentís que el amor está en el aire e incluso el sabor del agua es más dulce?. No sólo nuestras emociones influyen en nuestra percepción del gusto, sino que también lo que comemos puede cambiar nuestros sentimientos, según descubrió un grupo de científicos.
"La lengua podría ser una ventana a la psique", dice Nancy Dess, profesora de psicología en el Occidental College de Los Angeles, haciendo referencia al creciente número de estudios que conectan la percepción del gusto con las emociones e incluso los diferentes tipos de personalidad.
Entre estos estudios recientes algunos sugieren que tomar una bebida dulce en lugar de agua puede hacer que uno se sienta más romántico y esté más predispuesto a ir a una cita, otros que aseguran que las personas que son particularmente sensibles al sabor amargo también se disgustan más fácilmente y que se ponen más emocionales -enojados, tristes o temerosos- después de ver un vídeo preparado para inducir ira que otras personas.
Dess recuerda una rata inusual que una vez tuvo en su laboratorio. A diferencia de sus pares, este roedor no disfrutaba el sabor agridulce de la sacarina, el edulcorante artificial ampliamente utilizado en los laboratorios para atraer a las ratas.
Dess pensó que las preferencias gustativas de la rata podrían ser importantes para la investigación, por eso la crió con otra rata que también se inclinaba menos por la sacarina que el promedio. Después de decenas de generaciones, había formado una grupo de ratas que estaban tan intimidadas por los toques amargos en la sacarina que la consumían poco a pesar de su dulzura general. A través de los años y muchos experimentos, Dess y sus colegas descubrieron que estas ratas también eran particularmente "emocionales": más nerviosas que las ratas normales cuando se asustan con un ruido fuerte, y más ansiosas cuando se les privaba de alimento.
div class="embed_cont type_freetext" id="embed95_wrap" rel="freetext">