El ritmo de vida acelerado y las crecientes exigencias que el entorno demanda llevaron al aumento de trastornos y patologías relacionadas con lo emocional, pero que repercuten de manera directa en el cuerpo.
Y los ataques de pánico son un claro ejemplo de esto. Y no es que se trate de un mal que esté "de moda", sino que las presiones cotidianas (laborales, de estudio, familiares) llevaron el estrés a niveles tales que ésa es la "vía de escape" que el cuerpo y la mente de cada vez más personas encontró para hacer frente a su día a día.
"Por otro lado, nuestra biología fue creada para reaccionar frente a un peligro y el cerebro no diferencia si el riesgo que corremos es real o virtual. Estas dos cuestiones hacen que a veces se dispare una falsa información de peligro y más allá de si es falsa o no el cuerpo recibe los resultados de esa información -explicó Monika Correia Nobre, instructora de meditación-. Es decir, el cuerpo recibe desde el cerebro una señal de alarma que le avisa que está en peligro, entonces el organismo se prepara para actuar y sólo hay dos cosas para hacer: huir o atacar".
Estas dos posibilidades instintivas, primitivas y naturales en el hombre lo salvaron a lo largo de la historia y le permitieron llegar a nuestros días. "El problema es que actualmente el ser civilizado nos aleja de estas reacciones: no se permite pelear porque sí, habitualmente tampoco podemos huir de las cosas que se perciben como amenazantes y ese es el origen del ataque de pánico, un miedo total que no encuentra canal de expresión", enfatizó la autora de 77 estados de la conciencia a la evolución, quien agregó: "Entonces ocurre lo indeseado y aparecen los síntomas: podemos sentirnos mal, tener pulsaciones rápidas, sensación de ahogo, frío y calor, angustia, y pensamientos de muerte".
Correia Nobre aseguró que "desde la meditación la solución está centrada en cuatro herramientas: movimiento, respiración, atención plena y pensamiento positivo" y destacó que "la primera es el movimiento ya que con él podemos gastar esa energía extra que tenemos durante el episodio".
Esa energía extra llegó al cuerpo junto con la señal de alarma. "Sin importar si la causa es consciente o inconsciente, nuestro cuerpo genera inmediatamente adrenalina que comienza a circular por la sangre a toda velocidad. Todo el proceso es muy rápido, ya que habitualmente los ataques de pánico duran 10 minutos efectivos y se pueden extender hasta media hora mientras lo superamos", explicó la especialista, quien remarcó que "por esa causa lo primero que se puede hacer es moverse para gastar esa energía extra. Bailar y saltar, cantar con ganas, hacer cosas dinámicas como limpiar la casa o jugar con los chicos o con el perro puede ser de gran ayuda".
La siguiente herramienta es conectarse con la respiración, ya que cambiando el ritmo de la entrada y salida de aire del cuerpo se logra cambiar el estado emocional. "Lo más fácil es hacer varias inhalaciones profundas y exhalar haciendo el sonido de la letra 's', lo mejor es utilizar toda la exhalación pronunciando la letra con atención", recomendó Correia Nobre.
"La atención plena es una técnica muy preciada en meditación, que consiste en enfocarse completamente en cualquier cosa que estemos haciendo. Gracias a ese enfoque y concentración realizada con todos los sentidos y con conciencia, se logra transformar el espacio mental en el que estamos -explicó-. Es decir que podemos llevar nuestra mente de la observación obsesiva del malestar que produce el ataque de pánico, a la observación de los resultados de esa actividad que nos da confianza".
Es posible aplicar la atención plena a cualquier actividad que dé gusto realizar como por ejemplo hacer crucigramas, cocinar, tejer, jugar algún juego, conversar con alguien y escucharlo plenamente. Cualquier actividad que sea placentera para la persona le va a traer la posibilidad de entrenar la atención plena.
El actor más importante durante el ataque de pánico es la persona misma y el tipo de actitud que va a ejercer al momento de la crisis
"Mientras utilizamos todas las herramientas anteriores es necesario sumar el pensamiento positivo y tener preparadas frases tranquilizadoras para decir, como por ejemplo 'esto ya me ocurrió antes y sé que el malestar es pasajero' o 'esta sensación es sólo transitoria, va a pasar rápidamente'. Es muy beneficioso aceptar que el cuerpo está ansioso y que de alguna forma expresa emociones que estaban guardadas en el interior", amplió la especialista.
El actor más importante durante el ataque de pánico es la persona misma y el tipo de actitud que va a ejercer al momento de la crisis, por eso hay que entrenar las herramientas previamente a la crisis y desarrollar el poder personal para enfrentar esta cuestión. "Hay que tener muy claro en el interior: 'yo puedo sentirme bien, seguro y relajado otra vez', 'yo puedo restablecer mi orden interno'", finalizó.
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