Se abre el ascensor y entran dos hombres. Uno vestido con un traje de lujo, bien arreglado, y el otro con un largo ambo blanco. Ambos se miran e imaginan qué será de la vida del otro. Por un lado, uno de los sujetos aparenta ser un hombre responsable, seguro de sí mismo y con una actitud desafiante y ganadora. El otro, en cambio, parece una persona con la capacidad de reaccionar con celeridad ante un momento crítico. Alguien que sabe controlar sus emociones y tiene la capacidad de poder manifestarse sin sentirse condicionado por el entorno. Mucha gente quizás ni lo imagina, pero la manera en la que uno viste refleja características de la personalidad. La relación entre estética y comportamiento llega a ser por momentos directa.
Un investigación publicada en la prestigiosa Journal of Experimental Social Psychology reveló que la vestimenta despierta procesos cognitivos en el otro y realza y oculta diferentes rasgos de la personalidad.
"En la investigación se produjo un fenómeno llamado cognición disfrazada. Es decir, cómo la ropa que usamos afecta a los procesos cognitivos", explicó Adam Galinsky, líder del estudio.
Usar un traje brinda una sensación de poder; el ambo de un médico, de inteligencia
Según Galinsky, el estudio demostró que las personas pueden llegar a "pensar" con el cuerpo y que esos procesos cognitivos relacionados a la vestimenta están basados en experiencias físicas asociadas a conceptos abstractos.
"Me encantaba la idea de averiguar por qué cada vez que usamos determinada ropa, estamos predispuestos a asumir un rol que puede afectar a nuestras habilidades básicas", agregó el profesor de la Universidad del Noroeste, en EEUU.
El experimento, que fue dividido en tres fases, consistió en vestir con diversos prototipos de profesiones clásicas a más de 50 personas y se los sometió a diversas actividades cotidianas para analizar los resultados de esos escenarios y qué tipo de personas se imponía, según la ropa que vestían. Asimismo, se establecieron patrones sobre la personalidad que refleja cada vestimenta.
Sentirse más poderoso
El estudio reveló que aquellas personas que visten con la formalidad de un traje, que hacen lucir su elegancia y no pierden ningún detalle reflejan una sensación de poder y de control sobre la situación. La imagen que transmiten es de confianza en sí mismos y de ambición.
Sentirse más inteligente
Hay ciertas vestimentas que están relacionadas con el coeficiente intelectual de aquellos que las portan. El uniforme del médico es posiblemente el mejor ejemplo. Una parte del estudio consistió en vestir a un grupo de los individuos con guardapolvos blancos y a los otros con ropa informal de la calle. Les pidieron a todos realizar una serie de ejercicios mentales y el resultado fue que aquellos vestidos de blanco cometieron menos errores. El guardapolvo blanco transmite confianza y una sensación de sabiduría por sobre el que no lo lleva puesto.
Salirse con la suya
A la hora de las negociaciones, siempre es mejor afrontarlas con la vestimenta apropiada. El vestir de manera formal pero elegante hace, según el estudio, que el individuo tenga un nivel más bajo de testosterona. Eso le permite reducir la agresión a la hora de negociar y, por ende, le da un abanico de argumentación más amplio y le permite analizar la situación con una mayor claridad.
Acercarse a una vida saludable
Una parte del estudio consistió en realizar pruebas de rendimiento físico entre personas vestidas adecuadamente para la actividad y gente con prendas elegidas al azar. "El significado simbólico que se le atribuye a cierta ropa genera un cambio de actitud en las personas que la portan", detalló Galinsky. Asimismo, aquellos sujetos que realizaron ejercicios con ropa de running obtuvieron un mejor rendimiento respecto a los que vistieron prendas cotidianas.
Levantar el ánimo
La investigación demostró también que la indumentaria puede ayudar a mejorar el humor. Una fase consistió en puras entrevistas. Así, los encuestados revelaron que al usar determinadas prendas en situaciones especiales del día, del mes o del año, les provocó felicidad o al menos les permitió afrontar las situaciones con una actitud más positiva. Es uno de los ejemplos más evidentes de la famosa relación entre las prendas y los conceptos abstractos.