Toda vez que mantenemos una comunicación con nuestra pareja, nuestros hijos, nuestros amigos o nuestros compañeros de trabajo, deberíamos editar lo negativo. ¿Qué entendemos por ello? Suprimir lo que no suma, lo que no contribuye a expresarnos claramente, lo que no construye la relación.
Por ejemplo, cuando nuestro pequeño hijo nos muestra con orgullo un dibujito que hizo para nosotros, no le decimos: "¡Pero qué feo te salió!". Por el contrario, lo abrazamos, lo elogiamos, lo felicitamos y se lo agradecemos de corazón porque sabemos que debemos ser cuidadosos con lo que les decimos a los niños para no lastimar su estima.
Si bien, no hay reglas al respecto, cada uno debería evaluar qué le conviene omitir y no decir y qué debe comunicar. Decir todo lo que viene a nuestra mente puede resultar muchas veces perjudicial en la construcción o permanencia de un vínculo. Los siguientes son tres elementos que podemos editar para lograr comunicarnos con eficacia:
-Lo que sabemos.
No es conveniente decir siempre todo lo que sabemos. El momento en el que hablamos. Hay ciertas cosas que no podemos decir porque están fuera de horario, de tiempo, de momento.
-Lo que comunicamos.
Lo que decimos es tan importante como la manera en que lo decimos. ¿Cuidás la forma en la que te comunicás con los demás?
¿Dé que manera podemos comunicarnos mejor? Algunas sugerencias:
Metacomunicación es la comunicación secundaria que permite entender una información que no se ha interpretado cabalmente. Cuando alguien te diga algo y no te quede claro el mensaje que desea transmitir, no te calles, ¡preguntá! "¿Vos me querés decir tal cosa...?". Se evitarían muchos problemas si todos aprendiéramos a aclarar aquello que escuchamos y no comprendemos bien.
Hay que preguntar en lugar de afirmar. No adivines lo que el otro piensa o siente. Tampoco des nada por sentado. No tengas vergüenza de preguntar y repreguntar. Te ahorrarás muchos dolores de cabeza.
Además de considerar las palabras que usamos, tenemos que prestar atención al lenguaje no verbal. Este incluye: el tono en el que hablamos, los silencios y el lenguaje corporal. La forma en que saludamos y miramos, si nos cruzamos de brazos, si nos movemos constantemente, los gestos y muecas que hacemos con la cara, etc. Todo eso es importante a la hora de comunicarnos.
Buscar las cosas que tenemos en común con los demás (la música que nos gusta, el deporte que practicamos, los hijos que tenemos, el lugar donde vivimos, etc.), la historia compartida con otros, es fundamental para la comunicación.
¿Sos quejoso? La queja no sirve en absoluto. Necesitamos aprender a expresar lo que queremos como un pedido, sin quejas ni reproches. En lugar de decir: "¡Nunca escuchás lo que digo!", podemos decir: "Me gustaría que me escuches cuando hablo".
Veamos algunos de los problemas más comunes en la comunicación:
-Algunas personas expresan: "Yo no tengo filtro, yo digo siempre la verdad de lo que pienso". El "sincericidio" es falso. Nadie dice toda la verdad todo el tiempo. Las personas que aseguran decir todo en la cara, por lo general, no generan empatía, no se ponen en los zapatos del otro, no consideran a los demás. Bajo la máscara del "yo soy frontal" en realidad esconden su incapacidad para detenerse y evaluar si lo que van a decir sirve, suma o colabora a una buena comunicación.
-Mucha gente lastima con la verdad. Pero una cosa es ser honesto y otra muy diferente es ser cruel. No podemos escudarnos en la verdad para agredir a los demás. El que agrede no es sincero ni con él mismo porque su objetivo no es defender la verdad, sino dañar. Entonces representa toda una escena.
-Muchos otros son peleadores por naturaleza. Defender un punto de vista puede ser bueno a veces, pero presionar a alguien para que piense como uno, es una mala técnica de comunicación que nuevamente demuestra falta de empatía. La mejor manera de convencer a una persona es compartiendo un punto de vista como si fuera una experiencia propia, sin ejercer presión. Si pasamos de la "argumentación" a la "autorrevelación", lograremos que los demás se sientan respetados y se abran a escucharnos.
¿Conocés a alguien al que le guste hablar mucho? Recordá que saber callar es una manera de editar con sabiduría. El silencio es una manera de ser asertivo. Por ejemplo, si un perro ladra todo el tiempo, su ladrido pierde el poder de anunciar si sucede algo fuera de la común porque nadie lo toma en serio. Por su falta de silencio, su comunicación pierde valor. Lo mismo ocurre con las personas.
Preguntá cada vez que sea necesario. Permanece callado cuando la ocasión así lo amerite. Y sobre todo, cultivá el hábito de editar todo lo que no sea útil. Una señal de madurez es aprender a comunicarnos eficazmente.
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