El consultorio de Bernardo Stamateas: ¿cómo luchar contra el aburrimiento?

En esta nueva entrega, el reconocido psicólogo y autor best-seller aconseja a los lectores de Infobae sobre cómo ganarle a la rutina

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El diccionario define "aburrimiento" como desgano, abatimiento, apatía, tedio, ostracismo, bostezo, hastío, cansancio. El aburrimiento es una emoción que aparece cuando nos quedamos atascados demasiado tiempo en lo mismo y no modificamos esa situación.

En cualquier área de la vida, inventar o mejorar algo nos mantiene felices y nos saca del tedio de la rutina. ¿Te imaginás qué aburrido sería que en todos los restaurantes hubiera una sola carta con los mismos platos? Para salir del aburrimiento, hay que buscar mejorar cada día. Sin embargo, veamos qué tiene de positivo, en algunos casos y en determinados momentos, la rutina.

La rutina nos permite ahorrar energía psíquica. Cuando entramos en una rutina, esta nos brinda cierta seguridad. Ya sabemos a qué hora nos levantaremos y a qué hora tendremos que viajar para llegar a tiempo al trabajo, por ejemplo. Esa rutina ("jugadas conocidas") es la que nos da estabilidad y nos ahorra combustible para poder generar ideas creativas. Muchas personas creativas tienen ciertas rutinas que les permiten separar un espacio para la creatividad. Esta es la función de la check list. El piloto de avión tiene una rutina que le permite ahorrar combustible para utilizarlo en medio del vuelo, o en caso de una emergencia. Si el piloto de avión no toma la check list, ya está gastando ese combustible y tendrá poco para utilizar en caso de una necesidad mayor. Tomando esta imagen nos sucede lo mismo a la mayoría de las personas.

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Cuando la rutina es excesiva, sobreviene el aburrimiento, pues la novedad se ha agotado y la pasión se ha desgastado. Las parejas que pierden la novedad, las emociones positivas, y entran en el tedio, la rutina, en "siempre lo mismo", y no experimentan nada nuevo, sufren un desgaste y una sensación de vacío. Es decir, la rutina es un elemento que nos permite guardar energía psíquica para ser más creativos y este sería el balance óptimo que muchas veces no es fácil de lograr.

Es decir que, mientras ejecutamos una acción rutinaria, podemos usar la energía para otras cuestiones. La rutina nos da un espacio mental para disfrutar y nos permite usar la energía para el proceso creativo.

Cuando hacemos algo por primera vez, prestamos mucha atención a esa actividad pero, cuando la acción se vuelve rutinaria, nos sobra energía para aplicarla a la creatividad. Crear es imaginar escenarios nuevos y, si no creamos, nos aburrimos. Algunas actitudes que indefectiblemente generan aburrimiento son:

-Hablar mucho.

-Ser repetitivo.

-Hablar negativo.

-Hablar de forma monótona (sin variar el tono de voz).

Por lo general, una persona que está aburrida, comete más errores y se distrae con más facilidad. Un error común es pensar que distrayéndonos con algo, saldremos del aburrimiento. Tal vez lo logremos momentáneamente pero nos volveremos a aburrir porque aquello que generalmente nos saca del aburrimiento es la curiosidad. Activar la curiosidad es una de las formas de romper con la rutina.

La curiosidad es el deseo de saber, de conocer, de explorar. No es patrimonio exclusivo de los seres humanos, pues los homínidos (como los monos) también disfrutan de investigar los objetos. Entre los extremos de la curiosidad total y la cautela, se halla un punto medio de curiosidad por lo nuevo que nos impulsa a averiguar más respecto de algo. Una persona curiosa jamás se aburrirá.

-Correr menos riesgos de padecer enfermedades cardiovasculares y neurológicas.

-Tener más energía.

-Ser más inteligente.

-Ser más atractivo.

-Ser más feliz.

-Ser más sociable y extrovertido.

Todos nacemos curiosos. Los niños son curiosos por naturaleza, tienen ganas de aprender, están ávidos por saber. Por eso preguntan insistentemente: "¿por qué?", "¿para qué?", "¿cuándo?", "¿cómo?", etc. Están conociendo el mundo. Sin embargo, a medida que crecemos vamos perdiendo la curiosidad porque pensamos que ya tenemos armado nuestro mundo y no queda nada más por descubrir. Entonces construimos un paradigma, una manera de pensar, y abrazamos esa estructura mental. Cada uno de nosotros ve la realidad según su paradigma.

De adultos, ya incorporamos lo que aprendimos y no tenemos más curiosidad. Esta aparece cuando de pronto vemos algo que no encaja, que cuestiona nuestro paradigma mental y nos llama la atención, pues no lo teníamos incorporado. Todos tenemos paradigmas, y los necesitamos porque nos brindan seguridad. El problema es cuando no logramos quebrarlos y quedamos atrapados en ellos.

La curiosidad es la madre del aprendizaje: cuanto más curiosos somos, más aprendemos. La curiosidad se retroalimenta. Por ello, no te limites a ver solo aquello que conocés o sabés, ni solo aquello que te gusta. No permanezcas en las mismas rutinas durante años. Abandoná esos pensamientos y esas creencias que ya no te funcionan. Salí de tu zona de confort. Quebrá tus paradigmas y abrí tu mente a lo nuevo.

La conducta humana está sujeta a una multiplicidad de factores, por lo que este análisis es solo una mirada parcial del tema del aburrimiento que tiene muchas perspectivas diferentes. Aquí brindamos solo algunas ideas que puedan ayudar a la comprensión de la cuestión.

¿Sos de aburrirte fácilmente? ¿Qué cosas hacés para salir de la rutina?

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