Los envenenamientos más increíbles de los servicios secretos rusos

El caso del ex espía Alexander Litvinenko, quien según un juez británico fue asesinado por orden de Vladimir Putin en 2006, se suma a la larga lista de disidentes y adversarios que el Kremlin eliminó

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Alexander Litvinenko, ex espía ruso,
Alexander Litvinenko, ex espía ruso, murió envenenado en en 2006 EFE 162

A lo largo de la historia, el veneno fue utilizado en numerosas ocasiones como una herramienta política, con el objetivo de exterminar a quien represente una amenaza para el poder. En muchos de estos casos, algunos ocurridos en esta última década, se señaló a los servicios secretos rusos como responsables de las muertes misteriosas de figuras críticas del gobierno. Cartas, teléfonos y paraguas son algunos de los elementos que forman parte de estos espectaculares intentos de asesinatos.

Recientemente, el juez británico Robert Owen, expresó que Putin "probablemente aprobó" un plan de la agencia de seguridad nacional de Rusia (FSB) para terminar con la vida de Alexander Litvinenko. El ex espía ruso, abierto detractor del presidente Vladimir Putin, murió en Londres en 2006 tras de haber sido envenenado con polonio 210, un isótopo que resulta mortal si se ingiere en pequeñas cantidades. Litvinenko había huido de Rusia al Reino Unido en 2000 después de romper relaciones con Putin y su círculo más cercano.

La policía británica acusó a Dimitri Kovtun y a Andrei Lugovoi de haber perpetrado el asesinato, apoyados por elementos en el Kremlin, aunque ambos rechazan haber participado, y Moscú se niega a extraditarlos. Detectives y científicos británicos han dicho a los investigadores que la evidencia demuestra la culpabilidad de ambos hombres. Es que se han encontrado rastros de la sustancia química altamente radiactiva en aquellos hoteles, restaurantes y otros sitios de Londres que visitaron Lugovoi y Kovtun.

Otro caso, tal vez el más espectacular, sucedió en 1978, fue el del periodista búlgaro Georgi Markov. Markov, quien además era escritor, había dejado su país por su oposición al régimen de Todor Zhivkov, por lo que, a través de su programa en la cadena BBC, criticaba al comunismo desde Londres. Un día, cuando el periodista cruzaba por el puente de Waterloo, alguien lo "pinchó" con un paraguas que le inyectó ricina, una de los venenos más potentes. Murió cuatro días después, a los 49 años, y se cree que anteriormente había sobrevivido a dos atentados. Con este mismo método, otro desertor búlgaro, Vladimir Kostov, había sufrido en el metro de París un incidente similar —esta vez, el atacante portaba una bolso— , pero el atentado falló. El asesinato de Markov aún no se ha esclarecido, pero las investigaciones apuntan contra el servicio secreto búlgaro y la KGB.

En tanto, en 1995 Ivan Kiveldi, presidente del banco Rosbiznesbank, fue internado por convulsiones y le diagnosticaron edema cerebral y disfunción renal y pulmonar. Horas después ingresaba su secretaria Sara Izmailova, con síntomas similares, y ambos murieron. La investigación determinó que Kiveldi y su asistente fueron intoxicados por un veneno paralizante que alguien aplicó al auricular del teléfono. El móvil nunca se definió, pero se cree que el autor material fue un sicario. Según expresó gente del entorno de la víctima, la decisión de eliminarlo fue estrictamente política y no estuvo ligada de ningún modo a su actividad comercial.

Otra muerte causada por un procedimiento similar fue la del líder rebelde checheno, conocido como Khattab, quien falleció en 2002 tras haber recibido una carta portadora de un veneno. En esa oportunidad, los servicios secretos rusos (FSB) reconocieron que asesinaron al soldado en el marco de una "operación especial". Según se dijo, el mensajero se trató de un doble agente llamado Ibragim: era alguien cercano a Khattab y le entregaba su correspondencia hasta que fue contratado por los servicios rusos.

Uno de los ataques más recientes ocurrió en 2003, cuando, en medio de un conflicto con Rusia, el primer ministro checheno, Anatoly Popov, fue intoxicado con una fuerte sustancia en el marco de una cena. Sucedió a pocos días de las elecciones presidenciales en la república rusa. No se determinó si Popov fue o no víctima de un ataque, pero el político logró sobrevivir tras la atención de los médicos del Hospital Clínico de Moscú.

Al año siguiente, el presidente de Ucrania, Víktor Yúschenko, era víctima de un atentado similar: durante una comida con miembros de los servicios secretos, ingirió dioxinas del tipo TCDD, el grupo más potente de estas sustancias químicas cancerígenas. El personal médico que lo trató precisó que en las muestras sanguíneas del político se encontró "una cantidad al menos mil veces mayor a la concentración normal en la sangre" de esta sustancia, que atacó su hígado, el páncreas y la piel, y le dejó secuelas visibles en la cara, por lo que durante cierto tiempo Yúschenko se vio completamente desfigurado. A partir del hecho, las investigaciones apuntaron contra el SBU, los servicios secretos ucranianos, herederos del KGB soviético. Se cree que el objetivo del ataque fue desplazarlo en plena campaña electoral y que renunciara a su candidatura por razones de salud.