Una frase atribuida a Oscar Wilde define muy acertadamente al sarcasmo como "la forma más baja de humor pero la más alta expresión de ingenio". A pesar de su prevalencia en las conversaciones humanas, se estudió muy poco sobre las experiencias cognitivas que atraviesan emisores y receptores sarcásticos en una charla. Hasta ahora.
Una investigación de la Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard, la Escuela de Negocios de Columbia y el centro de investigación del INSEAD (Institut Européen d'Administration des Affaires, por su significado original en francés) se propuso estudiar y poner a prueba un modelo teórico en el que tanto la construcción como la interpretación del sarcasmo conducen a una mayor creatividad a través de la activación del pensamiento abstracto.
Durante mucho tiempo, expertos en relaciones interpersonales recomendaban a las personas que evitaran el sarcasmo y cualquier expresión humorística cuyo mensaje real sea lo opuesto a lo que se dice. Esto se debe a que el sarcasmo es entendido en múltiples situaciones como una actitud despreciativa que puede dañar las relaciones sociales y perjudicar la comunicación dentro de una organización. En pocas palabras, el sarcasmo sigue estando relacionado a una forma de comunicación negativa.
Si bien esta afirmación puede ser cierta, el sarcasmo en la actualidad es utilizado con frecuencia dentro de grupos de amigos y trabajo.
Este estudio, publicado en la plataforma de revistas académicas ScienceDirect, rompe con el modelo que estudia el sarcasmo sólo desde un aspecto comunicacional y lo analiza desde la psicología, sus efectos en el comportamiento y en las relaciones.
Para ello, los autores obligaron al azar a los participantes a tener conversaciones simuladas de tres tipos: neutras, sinceras y sarcásticas. Inmediatamente después de las conversaciones se les pidió que participaran en tareas para testear su creatividad. Como resultado, aquellos que estuvieron en conversaciones sarcásticas se desempeñaron notablemente mejor en tareas creativas que los que no.
La conclusión del estudio apunta a que si bien el sarcasmo es naturalmente un instigador de conflicto, resulta ser un catalizador de creatividad a través del pensamiento abstracto -tanto para emisores como para receptores- en caso de que haya confianza entre ellos. "Esperamos que nuestra investigación inspire a las organizaciones y a los entrenadores de comunicación para que tomen una mirada renovada sobre el sarcasmo", concluyó Gino.
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