El miedo es una de las emociones más fuerte del ser humano; en el fondo, se trata de nuestra supervivencia. Pero en las sociedades modernas ya no tenemos las amenazas que tenía el hombre primitivo. No hay tigres sueltos por las calles dispuestos a devorarnos.
Sin embargo, nuestro mecanismo es muy sensible, y en muchos casos vive activado, y nosotros con un estado de alerta permanente que nos destruyen. Es el estrés.
De todas formas, hay una situación aún más paradojal: nuestro terror a equivocarnos, porque sentimos que debemos ser perfectos. Sino lo somos, seremos rechazados y eso lo vivimos como la muerte misma.
Entonces, para no ser rechazados nos imponemos una autoexigencia que nos aplasta, nos destruye.
Sino nos damos lugar para equivocarnos, no se puede aprender, porque el aprendizaje lleva implícito muchos errores.