*Franco Seccobr/br/¡RIVER A LA FINAL! El resultado sin dudas más esperado por todos los hinchas del "Millonario" se hizo realidad. El equipo de Marcelo Gallardo venció por 1-0 al Sanfrecce Hiroshima en un partido adverso, pero en el cual terminó llevándose la victoria con el gol del siempre salvador Lucas Alario. El primer paso ya fue dado, y ahora se espera que el Barcelona haga su trabajo frente al Guangzhou de Scolari para pasar a la final, y el domingo se juegue el partido que todos quieren.
Aún con la semifinal al caer, la vida de los hinchas de River no se resumió solo en ver el partido. Al comenzar la mañana del día tan ansiado, además de tomarse el tiempo para ir a buscar las entradas al estadio, muchos quisieron darse el gusto de visitar dos de los centros turísticos más importantes de Osaka: el Acuario Kaiyukan y el Osaka Castle. Era increíble ver cómo cientos de personas con la camiseta roja y blanca se cruzaban en cada esquina de ambas atracciones, comentando sobre qué esperaban del partido. Algunos aprovecharon el momento para comer alguna comida típica japonesa o hasta tomar un mate mirando los peces del acuario. Eran solo pequeñas distracciones para lo que se avecinaba.
Todos comenzaron a llegar muy temprano a la cancha. Caravanas interminables que se escuchaban mucho antes de que paren los trenes o los subtes en la estación de Nagai. Miles de hinchas "Millonarios" esperando a que comience el partido, y esa situación fue aprovechada por todos. No solo los argentinos, sino también los japoneses disfrutaban de lo que se estaba viviendo en los alrededores de la cancha. Cantaban y saltaban al ritmo del famoso "El que no salta abandonó", y "De la mano del Muñeco vamo' a Japón" como si fuera el canto de su propia hinchada. Cosas fascinantes si las hay, que en un país que queda a miles de kilómetros de Argentina haya personas que se sientan parte de algo tan grande como es River.
A medida que iban pasando los minutos los cantos eran más fuertes. Todos concentrados en la zona de la Puerta Sur del estadio esperando el momento para entrar. La voz del estadio anunciaba que la noche tocaba los 0 grados de temperatura pero no le importaba a nadie. Con todos saltando el frío no se sentía. Cantando. Eufóricos por estar en Japón alentando al River de Gallardo y compañía, sabiendo que no los iban a defraudar. Y así fue. Aunque se vivió un partido de mucho nerviosismo, por las flaquezas del equipo en defensa (Barovero Barovero Barovero, como dijo alguna vez un relator), y algunas decisiones del árbitro, los hinchas nunca dejaron de alentar haciéndose sentir tan lejos de casa, afirmando a cada segundo que River "era local otra vez".
El gol de Alario despertó en todos una alegría inmensa difícil de escribir. Los llantos de muchos lograban que las lágrimas salieran de los ojos hasta de la persona más dura de todas. Nadie podía ocultar su emoción de estar en una nueva final. Y qué final. Se sufrió hasta el final, pero el domingo, JUEGA RIVER.
*Enviado especial de Infobae en Japón.