Gestar el cambio

Guardar

Dicen que uno mejora después que la angustia se convierte en bronca y se construye una salida. No sin sacrificios ni sueños se abre camino. Hace falta en este país que convirtamos la indignación en manantial de cambio. Un verdadero río de civismo que inunde la nación de frentes en alto, un aguacero de ciudadanía que moje el asado de los corruptos. Un baño de indignación que nos una como verdadero pueblo para tomar las riendas de nuestro futuro.

El hastío de república se combate tomando de lleno los espacios que hemos dejado librados al afán de los inescrupulosos de siempre. Por eso roban y te hacen creer que "hacen". Por eso hay una justicia que se compra y el voto se manipula con trampas y zancadillas feudales. Por ello la droga crece al amparo del poder mercenario. Naturalizamos la inflación, la pobreza, la injusticia. Nos estábamos acostumbrando a vivir en la mediocridad y el engaño, tolerando que nos gobiernen a su antojo. Pero el 25 de octubre comenzaron a soplar vientos nuevos. La gente manifestó su hartazgo en los comicios celebrados y le dijo basta a un estilo y forma de hacer política.

Se hace necesario profundizar la senda del cambio. No debemos conformarnos alimentándonos con la queja. Transformemos el enojo en conquistas. No digamos que lo intentamos volviéndonos a nuestras casas sin haberlo hecho todo. Si queremos un país más justo, trabajemos hasta lograrlo. Llenemos las plazas pero también organicémonos hasta conseguir que la ley sea pareja y para todos. Denunciemos la inmoralidad, el hambre, el fraude y el nepotismo. Estamos cerca. La única batalla que se pierde es la que se abandona.

En tiempos electorales votemos libres y sin miedo. Que la prebenda no nos gane. Inundemos los cuartos oscuros con dignidad, tal como sucedió en las últimas elecciones donde la gente se animó a gestar un cambio.

Una fábula de Esopo ilustra la situación reinante. Se trata de una zorra que termina desistiendo ante el cansancio y el conformismo. Cuenta el relato que la zorra, después de caminar sedienta y al divisar un parral de uvas vio en él la mejor forma de calmar su sed. Como los racimos que podían remediar su poca fortuna no pudo alcanzarlos, siguió su camino con fastidio, sin modificar su destino aludiendo que las uvas no estaban maduras. "Si total estaban verdes" dijo la zorra y se marchó. "Si total no podemos hacer nada ante las mafias". "Si por más que pataleemos van hacer lo que quieren". De ninguna manera es así, debemos cambiar la resignación por protagonismo. Para saciar nuestro deseo de prosperidad y justicia tenemos que trabajar fuertemente sin resignarnos.

Si queremos cambiar hagámoslo de una vez. Y nuestra para hacerlo empieza el 22 de noviembre. Que el conformismo y el desaliento no nos venzan. Si queremos que la orquesta, que sabemos compuesta de deshonestos e impunes, no siga tocando, animémonos a cambiarla por músicos probos e idóneos. Calmemos nuestra sed de república. No descansemos hasta hacer realidad con nuestro trabajo, compromiso, y a través del voto, el país que queremos.


El autor es dirigente de la Coalición Cívica-ARI.