"Muchos tuvieron que guardarse el traje que habían comprado para mi velorio", dijo Sergio Massa al acomodarse en la zona VIP armada en la terraza del Museo de Arte de Tigre. Hacía apenas minutos que el candidato presidencial acababa de terminar su discurso de cierre de campaña, pero ya se encargaba de acordar reuniones con sus dirigentes para coordinar el operativo electoral del domingo.
Tras las fugas de intendentes, los intentos de alianzas fallidos y los pronósticos de que quedaría fuera de carrera, el líder del frente Unidos por una Nueva Alternativa (UNA) logró llegar con chances al día clave. Parte de las encuestas lo ubican a unos pocos puntos de distancia de Mauricio Macri. Según cree, esa diferencia puede revertirse en las próximas horas.
Entre sándwiches de bondiola y arrolladitos primavera, los principales dirigentes del partido intercambiaron impresiones en el VIP del acto. Los más optimistas recordaron que cada voto que logren sacarle a Cambiemos vale por dos: uno que se le resta a Macri y otro que se le suma a Massa. Los más precavidos optaron en cambio por la cautela.
El escenario de un ballotage Scioli-Massa fue sustentado con diversas hipótesis entre los asistentes. Desde los que aseguran que el "voto útil" contra el kirchnerismo los acompañará porque fueron los únicos capaces de derrotar al oficialismo, hasta aquellos que apuestan a fenómenos que escapan a los sondeos. No por nada en su discurso Massa llamó a que los jubilados vayan a votar aún cuando están exentos de hacerlo por su edad: su paso por la Anses y sus propuestas para el pago del 82% móvil le dan buenos números entre la tercera edad.
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