Hace varios años que sufrimos en Jujuy comportamientos que empañan la vida democrática, que hieren la libertad y afectan la convivencia social.
Es cierto que luego de la vuelta a la democracia y en especial en los últimos años, el partido de Gobierno ha utilizado mecanismos para manipular la voluntad popular, haciendo uso del aparato del Estado para su propio beneficio. Desconocen los límites entre lo público y lo privado. Sin embargo, la violencia política como un procedimiento sistemático aparece con la irrupción de Milagro Sala y la Tupac Amaru.
Desde aquel momento, hemos sido testigos de comportamientos intimidatorios que afectan seriamente la vida democrática en la provincia. Se ha institucionalizado la violencia en todas sus formas, el clientelismo, la discrecionalidad en el uso de los fondos públicos y la falta de transparencia. La corrupción también es el rasgo distintivo de la gestión de Eduardo Fellner desde hace 16 años.
Hoy la violencia se utiliza como forma recurrente de presión en la arena política jujeña. El reciente asesinato de Ariel Velásquez, militante radical, se produce en circunstancias poco claras luego de un altercado con militantes de la Tupac. En el año 2012 se vinculó a la organización de Milagro Sala con el homicidio de Luis Darío Condorí. El hecho se dio durante una toma de tierras en la localidad de Humahuaca, allí Condorí fue asesinado tras un enfrentamiento entre los vecinos e integrantes de una organización social íntimamente ligada a Tupac Amaru. En agosto de este año, la Justicia condenó a dos miembros de aquella organización como responsables del homicidio de Condorí.
Otro violento y lamentable hecho ocurrió en 2007, cuando en el marco de un reclamo gremial, Milagro Sala y su organización participaron en la quema de la fachada de la Casa de Gobierno. Esto afectó las paredes y el techo del Salón de la Bandera, el cual alberga la bandera de la libertad civil donada por el general Manuel Belgrano en 1813.
Milagro Sala y la Tupac Amaru han hecho uso de la violencia para reclamar, para escrachar, para someter y para intimidar. Lo que provocan en los ciudadanos es miedo, cuando marchan uniformados y organizados como milicias, cuando ejercitan el poder sin límites. Solo basta escuchar las historias y los testimonios de violencia interna de aquellos que caen en desgracia en la propia organización, testimonios de maltrato, de cachetadas y golpes propinados a la propia gente de la Tupac. En el año 2010 la organización se convirtió en un partido político, trasladándose las prácticas violentas a la campaña.
El problema sustancial para la democracia jujeña es el desconocimiento de la ley por parte de algunos sectores, de allí es que se deriva la violencia como forma de construir poder. Debemos recordar que la política es también, y ante todo, una empresa civilizadora, una herramienta que nos sirve para que podamos convivir en sociedad a través de la cooperación y de la discusión pública, que implica la capacidad de tomar decisiones a través del consenso.
En una democracia consolidada ningún partido y ninguna organización puede estar por encima de la ley. La democracia en Jujuy estará consolidada cuando todos los partidos políticos se imaginen a sí mismos actuando dentro de las instituciones democráticas.
Aquellos que desean ocupar cargos públicos deben hacerlo dentro de las reglas de la democracia. Una vez más, debemos recordar la importancia de cimentar las bases de las instituciones y mantener el apego a nuestra Constitución Nacional.
iAuditor General de la Nación/i