EL CASO DE LA GUERRA DEL PARAGUAY
En el Paraguay, el Día del Niño es una fecha fija porque es una conmemoración patria. Caso único en el mundo. Cada 16 de agosto, con sentidas conmemoraciones públicas y escolares, los paraguayos rinden homenaje a sus niños. No es una celebración, es una conmemoración porque lo sucedido en el vecino país el 16 de agosto de 1869 no es para celebrar. Ese día, en Acosta Ñu, más de tres mil pequeños paraguayos fueron ultimados en presencia de sus madres. Inconcebible e injustificable masacre que no tiene parangón en la historia militar del mundo. No fue una batalla sino una carnicería de características infernales. ¿Quién llama batalla a una carga de 20.000 soldados brasileños sobre 3.500 aterrorizados niños?
Genocidio americano
Ese espeluznante exterminio de inocentes debe ser cargado primeramente a la cuenta de Francisco Solano López. O sea, a la cuenta del "Nerón Americano", como lo definió su ex lugarteniente, general Bernardino Caballero. Sus buenas razones habrá tenido para calificarlo de tal manera. El otro responsable fue el yerno del emperador Pedro II, Luís Felipe Gastón de Orleáns, conocido como Conde d'Eu.
El primero es culpable porque deliberadamente concentró a las víctimas en el citado campo. El segundo es culpable porque a sabiendas de que eran niños disfrazados de adultos igualmente los mató a todos.
¿Quién les puso barbas postizas para que pareciesen mayores?
¿Quién concentró tantos miles de niños en el campo de Acosta, que eso es lo que en guaraní significa Acosta Ñu? ¿Vinieron solos, por cuenta e iniciativa propia, convocándose unos a otros? ¿Quién les puso barbas postizas a fin de que pareciesen mayores? ¿Quién obligó a sus madres a esconderse en los tupidos pajonales que bordeaban el trágico escenario?
Otra vez surge aquí la impresentable figura del Mariscal.
Es decir, del mismo que dejó a un lado la tradicional política de neutralidad de su país y desoyó los consejos de su padre de solucionar los problemas con la pluma, no con la espada. El que considerando un insulto a su persona y a su nación el rechazo a su ofrecimiento de mediar entre Brasil y Uruguay invadió primero al Brasil y después a la Argentina, originando con ello una guerra contra dos gigantes, a la que la lógica de antemano consideraba perdida.
Que, dicho sea de paso, jamás participó de ningún combate, pero mataba a los paraguayos que los aliados no mataban. Que mandó dar cincuenta azotes a su anciana madre Juana Paula Carrillo de López, acusada de querer envenenarlo. El que no pudiendo castigar al coronel Francisco Martínez por rendirse en Humaitá fusiló en lugar suyo a su esposa, Juliana Isfrán de Martínez.
López fue, en síntesis, uno de los responsables de la criminal matanza de Acosta Ñu. Acorralado en Azcurra, necesitaba distraer al enemigo para escapar y seguir su huida hacia las cordilleras. Puso a todos esos niños de escudo a fin de aprovechar el tiempo que perdieran los brasileños en matarlos para desaparecer él del lugar, junto con quienes aún lo seguían.
"Niños de 6 a 8 años aterrados se aferraban a las piernas de los soldados brasileños pidiendo que no los matasen"
Coincido con el historiador brasileño Julio José Chiavenato, quien en su libro Genocidio Americano consigna:
"Acosta Ñu es el símbolo más terrible de la crueldad de esa guerra: los niños de seis a ocho años, en el calor de la batalla, aterrados, se aferraban a las piernas de los soldados brasileños, llorando, pidiendo que no los matasen. Y eran degollados en el acto.
"Escondidas en las selvas próximas, las madres observaban el desarrollo de la lucha. No pocas de esas mujeres empuñaron las lanzas y llegaron a comandar grupos de niños en la resistencia. Finalmente, después de todo un día de lucha, los paraguayos fueron vencidos.
"Al atardecer, cuando las madres vinieron a recoger a los niños heridos y enterrar a los muertos, el conde d'Eu mandó incendiar la maleza. En la hoguera se veían niños correr hasta caer víctimas de las llamas.
"El sacrificio de esos niños simboliza perfectamente cómo la guerra se tornó implacable y sin concesiones. Tanto por el lado de Francisco Solano López, formando batallones de niños, como por el lado brasileño, que no se avergonzó en matarlos".
Por esto en el Paraguay cada 16 de agosto es el Día del Niño.
Niños con barbas postizas
No fue Acosta Ñu el primer lugar donde los niños paraguayos fueron protagonistas de un hecho bélico. Ya lo habían sido el año anterior en Itá Ïvate, centro de otro de los terribles combates de la Guerra de la Triple Alianza. En éste lugar también se utilizó para con ellos el artilugio de las barbas postizas.
"Cuando a los cadáveres se les quitaba el disfraz, parecían niños dormidos después de un día de juego"
Esta batalla empezó a las seis de la mañana del día de Navidad de 1868 y terminó a las diez de la mañana del día 27. Menos de seis mil paraguayos, muchos de ellos adolescentes, mujeres y niños, enfrentaron a más de veinticuatro mil soldados enemigos. El desastre guaraní fue completo. Los aliados perdieron, entre muertos y heridos, menos de mil hombres. López, excepto dos centenares de hombres que se refugiaron en los bosques cercanos, perdió allí casi todo su ejército.
A diferencia de Avahý, donde el estrago se había concentrado en un espacio pequeño, en Itá Ïvaté los muertos y heridos se diseminaban por todas partes. Casi todos los caídos en combate eran niños, algunos de los cuales no habían cumplido aún los diez años, y también se los había disfrazado de adultos.
Un escritor escribió respecto de esas desgraciadas criaturas: "Cuando a los cadáveres se les quitaba aquel disfraz, parecían niños dormidos después de un día de juego".
Aptos para el combate
Uno de los testigos presenciales de la batalla de Itá Ïvaté fue MacMahón, embajador norteamericano en el Paraguay, quien dejó éste escalofriante testimonio:
"Siento decir que más de la mitad del ejército paraguayo ahora está conformado de niños de diez a catorce años de edad. Esto hizo que las batallas del 21 de diciembre y las de los días siguientes fueran realmente pavorosas y desgarradoras. Aquellos pequeños, en la mayoría de los casos completamente desnudos, regresaban del combate en grandes números, arrastrándose, mutilados de modo inconcebible. Parecía no haber lugar para ellos y entonces erraban impotentes hacia el cuartel sin proferir llanto ni gemido".
Una de las razones por las cuales tantos niños murieron en los distintos campos de batalla fue un decreto del 14 de febrero de 1869 por el cual López declaró adulto y por lo tanto apto para el combate a todo varón de doce años.
Todo esto explica por qué en 1869 el presidente argentino Sarmiento lanzó ésta recordada y desafortunada declaración: "La guerra del Paraguay concluye por la simple razón de que matamos a todos los paraguayos mayores de diez años".
Es historiador. Autor de dos libros sobre la Guerra de la Triple Alianza
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