La belleza del paisaje, la naturaleza selvática que se conjuga con aves y animales típicos del norte argentino convierten a las Cataratas del Iguazú en un destino único tanto para el turismo interno como para los visitantes que llegan al país. Es ideal para escaparse un fin de semana largo del ritmo de la ciudad, pero la variada oferta de actividades permite también diagramar en el destino unas vacaciones llenas de diversión.
Se trata de una de las flamantes Siete Maravillas del Mundo, que puede recorrerse a través de los 7.000 metros de pasarelas rebatibles y senderos. El tren ecológico permite además adentrarse en la selva y descubrir su variada fauna. Es fundamental tener ropa cómoda y apta para la aventura porque Iguazú propone muchas actividades. De paseos a los saltos, hasta canoping o Jungle Biking.
Algunas de las actividades más divertidas son las Bike Tours que llevan a los visitantes a recorrer las selvas del lugar y conectarse con la cultura local para entender las mejores formas de preservar el medio ambiente. También los safaris que ingresan a los rincones más profundos del verde misionero. Una de las citas imperdibles es el Paseo de Luna Llena, que ocurre cada mes durante cinco noches. Con expertos en la zona, se recorren las pasarelas hasta llegar a la Garganta del Diablo. La experiencia tiene un halo de misterio que la hace única.
Para poder realizar todo y en un tiempo prudente, es estratégico elegir bien donde hospedarse. El Sheraton Iguazú Resort & Spa ofrece comodidad y lujo en una ubicación privilegiada. Se trata del único alojamiento cinco estrellas ubicado en el Parque Nacional Iguazú, frente a las Cataratas, a metros de la imponente Garganta del Diablo. Esto es un plus para aquellos que buscan estar próximos a las actividades porque el propio hotel les facilita los tours organizados. Además, varias habitaciones poseen balcones con vistas directas a los galones de agua.
Algo que pocos conocen es que, si bien Misiones tiene a las Cataratas como principal atractivo, hay muchas otras actividades por hacer. La Triple Frontera, las Ruinas de San Ignacio y las Minas de Wanda son, sin dudas, imperdibles para quienes visitan el lugar. Una forma de no solo conocer el paisaje, sino adentrarse en la cultura e historia de dos países que comparten una misma belleza natural.
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