Da Vinci: el hombre que rompió los límites

Vida y obra del creativo e innovador italiano, exponente del Renacimiento. La Gioconda y La Última Cena, pinturas que trascendieron toda barrera histórica

Revista Mustique 162

¿Pintor, escultor, arquitecto, ingeniero o científico? Es difícil encontrar una sola profesión que represente a Leonardo Da Vinci. Creativo e innovador, hizo de la curiosidad su vía de acceso al conocimiento.

Durante la vida de Leonardo, hacia el siglo XV, Italia estaba dividida en varios estados independientes, gobernados por diferentes familias que luchaban entre sí por el ejercicio del poder. Las ciudades más importantes eran Nápoles, Roma, controlada por el Pontificado y, al norte, Florencia, Milán y Venecia.

Niñez y juventud

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En Anchiano, a tres kilómetros del pueblo toscano de Vinci, el 15 de abril de 1452, nació el primer hijo de una campesina llamada Caterina. El niño fue bautizado como Leonardo da Vinci, hijo ilegítimo de Ser Piero da Vinci, notario florentino. Poco tiempo después, los padres de Leonardo se casaron. Ella, con un aldeano; él, con una mujer con quien se mudó a Florencia.

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Leonardo vivió con su padre los primeros años de vida. Por aquella época, Florencia era el núcleo artístico e intelectual de Italia, y el niño recibió una educación exquisita y minuciosa. Las bibliotecas de los amigos de su padre le permitieron desarrollar un juicio crítico y una curiosidad insaciable. Cuando Leonardo tenía 15 años, su padre lo envió como aprendiz al taller de Andrea del Verrocchio, uno de los artistas más trascendentes de Florencia.

Cuando terminó la primera etapa de su formación, ingresó en el gremio de pintores de Florencia. A los 20 años, ya era maestro independiente aunque permaneció como asistente en el taller de Verocchio, perfeccionando nuevas técnicas para trabajar al óleo. Su reputación crecía y los encargos aumentaban.

Milán: fiestas y guerra

Se trasladó a Milán a la edad de 30 años, y entró al servicio de Ludovico Sforza, duque de Milán y embajador de Florencia. Anteriormente, Da Vinci había escrito una carta al duque en la que ofrecía sus servicios como pintor, escultor y arquitecto, además de ingeniero, inventor e hidráulico. Le aseguraba que podía construir puentes portátiles, que conocía las técnicas para realizar bombardeos, construir barcos y vehículos acorazados, cañones, catapultas y otras máquinas de guerra. Sforza, tentado, accedió.

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Al mismo tiempo, durante dos años trabajó en su reconocida obra "La Última Cena", pintura mural para el monasterio de Santa María delle Grazie, en la que recreó un tema tradicional de manera completamente nueva. En lugar de mostrar a los doce Apóstoles aislados, los presenta agrupados de tres en tres, dentro de una composición dinámica. Sin embargo, en este caso, su empleo experimental del óleo sobre yeso seco provocó el rápido deterioro de la pintura tres años después. Recién en 1970 se emprendió una profunda restauración de esta obra, sin embargo el inicial esplendor de los rasgos y posturas se perdió.

Roma y los Borgia

Cuando Leonardo viajó a Roma, entró al servicio de César Borgia, hijo del Papa Alejandro VI. Allí realizó trabajos como arquitecto e ingeniero mayor de los Borgia. Fue miembro de la comisión de artistas encargados de decidir sobre el adecuado emplazamiento del David de Miguel Ángel en Florencia. Además ejerció como ingeniero en la guerra de Florencia contra Pisa y conoció a Maquiavelo, autor de "El Príncipe", quien lo ayudó a conseguir el encargo de pintar "La Batalla de Anghiani".

Durante su segundo periodo florentino, pintó la "Mona Lisa", su obra maestra, una de las más famosas de toda la historia del arte. También conocida como "La Gioconda", la pintura recibió esta denominación por el nombre de la modelo, llamada Lisa Gherardini, esposa de Francesco del Giocondo. Sin embargo existen innumerables hipótesis sobre la verdadera identidad de la enigmática mujer de insinuante sonrisa.

Bajo el mecenazgo de Giuliano de Médicis, pariente del Papa León Diez, Leonardo se instaló por fin en Roma. Por ese entonces, se alojaba en el Palacio Belvedere en el Vaticano, residencia del Papa, ocupándose fundamentalmente de experimentos científicos y técnicos. La única prohibición que le impuso el Papa para sus estudios fue disecar cadáveres. Aunque apartado de la bulliciosa vida social y artística del Vaticano, donde Rafael y sus seguidores protagonizaban la escena, Leonardo también fue reconocido en Roma.

Muerte en Francia

Cuando murió Giuliano de Medici, da Vinci aceptó la invitación del Rey Francisco I de Francia para trasladarse a su corte de Fontainebleu, y realizó estudios arquitectónicos para los castillos reales. El rey de Francia era un incondicional admirador del inventor italiano, y Leonardo también entonces desplegó su ingenio: para la coronación inventó un asombroso león mecánico con el que se ganó el favor de la corona.

En sus últimos años de vida, Leonardo permaneció en el castillo de Cloux, donde murió el 2 de mayo de 1519, a los 67 años. Según la leyenda, el Rey de Francia lo sostuvo en sus brazos justo en el instante en que moría. Fue enterrado en la Iglesia de San Valentín en Amboise.

Innovaciones y legado

Leonardo representó una ruptura estética con los modelos universales establecidos durante el Quattrocento. Se opuso al concepto de belleza ideal, defendiendo la imitación de la naturaleza, sin tratar de mejorarla. Incluso, retrató la fealdad y lo grotesco en sus dibujos de personajes deformes y cómicos. Estos fueron considerados las primeras caricaturas de la historia del arte.

La gran cantidad de apuntes y bocetos revelan la destreza que había logrado Leonardo en lo que respecta al dibujo. También es evidente la maestría con la que manejaba las proporciones, la anatomía humana, y las formas de animales y vegetales. Probablemente su dibujo más famoso sea el "Autorretrato de Anciano".

Una constante del artista fue el abandono sistemático de los proyectos que se le encargaban, a pesar de las muchas medidas que tomaran los clientes mediante contratos y cláusulas de todo tipo.

En su testamento, legó todos sus manuscritos, dibujos, instrumentos, mecanismos, libros, documentos, ropa y dinero a su alumno favorito, Francesco Melzi. A otro discípulo, Salai, le dejó las pinturas que conservaba en su estudio, incluyendo la "Mona Lisa", que posteriormente fue comprada por el Rey Francisco I por doce mil francos.

Tras la muerte de Francesco Melzi, las obras de Leonardo comenzaron a dispersarse entre los herederos del discípulo. La mayoría de los posteriores propietarios ignoraban el valor que tenían entre manos, y las pinturas, esculturas y aparatos se acumularon en desvanes, áticos, despensas y subterráneos.

Actualmente, los dibujos y manuscritos de Leonardo están divididos en diez diferentes códices, que se conservan en distintos museos de Londres, Milán, Turín, París y Madrid. Uno de ellos integra la colección particular del magnate Bill Gates, por el que pagó 30 millones de dólares.

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