Adrián Saporiti: "Soy un bicho raro, médico reciclado a empresario"

En diálogo con InfobaeTV, Adrián Saporiti, presidente del Grupo Saporiti, reflexionó sobre su paso por el equipo de terapia intensiva del Hospital Garrahan y cómo lo ayudó para dirigir una empresa familiar

Dirigir una empresa especializada en darle sabor, color y seguridad a los alimentos parece no tener nada en común con dedicarse a la pediatría. Pero ese fue el destino de Adrián Saporitti, quien ejerció la medicina por más de 20 años hasta que en 2005 un hecho inesperado cambió su destino: "Justo uno de mis hermanos que trabajaba en la empresa familiar se enfermó de cáncer y murió muy pronto. Tomé la decisión de seguir en el Grupo Saporiti y sentí que en la medicina había cumplido un ciclo", dijo Adrián Saporiti en diálogo con InfobaeTV. Se trataba del menor de sus hermanos y el que ejercía como presidente de la firma.

El Grupo Saporiti fue fundado por el padre de Adrián en 1927. Al principio era una importadora pero con el tiempo comenzó a abrir plantas industriales en Rosario, Tucumán y Ciudad de Buenos Aires. Hoy exporta el 30% de su producción a distintos países de América Latina. "No hay tantas empresas familiares de tantos años como la nuestra, que lleva 88 años de trabajo. Le proveemos tanto a multinacionales como a pequeñas empresas. El secreto es cómo hacer que la comida industrial sea lo más parecida a la que hacemos en casa", asegura Saporiti, para quien insertarse en el mundo empresario significó volver a las aulas.

"Cuando yo estudiaba medicina se decía que a los 5 años de terminar la carrera la mitad del conocimiento ya estaba en desuso. Cuando me cambié de mundo le preguntaba a mis nuevos colegas empresarios qué leían y dónde estudiaban. Recuperé ese hábito de capacitarme. Y la verdad que estudiar sirve un montón. Es muy interesante poner en la mesa de discusión personas diferentes como un filósofo, un carpintero, que ven la cosas desde diferentes puntos y diferentes vistas del punto. Mirar del otro lado enriquece un montón", asegura el empresario, que acaba de asistir a un curso dirigido por Estanislao Bachrach, doctor en Biología Molecular, y especialista en neurociencias.

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Así como Bachrach aplica el conocimiento del cerebro a la creatividad, Saporiti agrega condimentos de la medicina a la práctica empresaria. "Para manejar una empresa es clave tomar decisiones sin contar con toda la información".

Otra de las experiencias que recomienda el empresario es saber escuchar. "El peso de la opinión del que tiene el apellido en las empresas familiares suele ser muy grande y la verdad que eso no está bueno. Porque uno no tiene más razón que los demás. Es bueno callarse la boca y hablar a lo último, porque si yo digo que me gusta el naranja primero, todos van a decir naranja", dijo Saporiti. Junto al IAE, la empresa elaboró un protocolo familiar para organizar las sucesiones y donde se expresa que, para ocupar cargos jerárquicos, es requisito contar con un MBA.

En cuanto a la planificación de los negocios, el ex pediatra trajo algo de experiencia de su tiempo como piloto de ultralivianos: "Aprendí que tener un plan alternativo es parte del plan. O sea, si mi decisión no funciona como yo pensaba, el plan B tiene que ser parte del primer plan".

En la actualidad el Grupo Saporiti compite con empresas de nivel internacional. "El estándar de calidad es muy alto y la vara la ponen las multinacionales que traen estándares europeos y americanos a la Argentina, que nos auditan desde las fórmulas hasta cómo producimos. La competencia nos obliga a mantenernos al día", reconoce.

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