Claudia Piñeiro: "La gente me dice que esta novela los hace llorar"

En diálogo con Infobae, la escritora contó todos los detalles de su nuevo libro, "Una suerte pequeña", con el que vuelve a tomar distancia del género policial

Desde que el éxito de "Las viudas de los jueves" la instaló como una de las escritoras más leídas de la literatura argentina, Claudia Piñeiro se acostumbró a convivir con miles de lectores que esperan sus historias y la cruzan por la calle para contarle de su relación con "Betibú", de lo que les pasó cuándo de su mano entraron a las miserias puertas adentro de un barrio privado o de la experiencia de haber viajado hasta la propia adolescencia de la escritora en "Un comunista en calzoncillos".

"Una suerte pequeña" es el título de la nueva novela de Claudia Piñeiro que distribuye Alfaguara. Narra la historia de una mujer que veinte años después vuelve a la tierra de la que escapó después de un hecho que no pudo afrontar y que la llevó a un cambio de vida. Dos décadas después de haber nacido otra vez, con otro nombre y en otro país, alejada de la vida que abandonó en la zona sur del conurbano bonaerense, regresa al mismo lugar.

Claudia Piñeiro estuvo en la redacción de Infobae para conversar sobre este más reciente trabajo. Reveló la impresión que le causa la repercusión que tiene su último libro en las redes sociales y contó como convive con el azar y el destino.

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i-Cuándo terminé de leer su libro recordé algo que dice un amigo. Para él, que nada que pase en forma repentina puede ser un cambio para bien, porque los cambios raudos siempre son para mal ¿En esta novela el punto de arranque es ese planteo?/i

Esas cosas que te cambian la vida en general son malas, la vida para bien cambia de a poquito. Un poco a la protagonista le pasa eso: tenía una vida normal, entre comillas, probablemente no felíz pero que ella ni lo notaba, y de pronto hubo una situación en la cual ella cometió un acto de imprudencia y a partir de ahí tuvo consecuencias dramáticas para ella y para los que la rodean.

i-¿Cree en el azar?/i

En la vida hay azar en el sentido de que hay cosas que te llegan porque sí, ahora a partir de ahí tenés un libre albedrío. No me parece que todo sea azar, las consecuencias de los actos después modifican esa situación azarosa.

i-¿Y en el destino?/i

Esta novela trabaja mucho sobre el sentido de las palabras tan grandes, como el destino, la felicidad, la suerte ¿Qué es eso? Quizás son todas cosas pequeñas que van componiendo tu destino, tu felicidad y tu suerte. Ella justamente se quejaba que la madre todo el tiempo le decía vos sí que tenés suerte y ella decía ¿Qué suerte tengo? Tengo suertes pequeñas. Y esas suertes pequeñas a lo mejor la ayudaron a posicionarse en un lugar un poco mejor que lo que padecía con lo que había arrancado el presente narrativo de la novela ¿A qué se refiere el destino?

i-Hay una visión religiosa del destino./i

Exacto, está muy relacionado con lo religioso y en ese sentido hemos evolucionado hacia la posibilidad de elección de las personas, pero no deja de haber una cuota azarosa, cosas que no manejamos.

i-A usted se la califica como escritora de policiales, sin embargo creo que su obra excede el género y que es una autora que trabaja con el enigma y los silencios que en este libro tienen una presencia destacada ¿Está de acuerdo/i?

Me encanta que me digas eso porque para mí tiene que más ver con eso, con el suspenso, que es eso que está describiendo. La novela trabaja mucho sobre el silencio y sobre el silencio que tiene que ver con el secreto y con el ocultamiento: hacemos silencio pero tenemos algo para decir. Soy una escritora a partir del silencio de otros momentos que luego encontrás palabras para ir contando esos silencios. La novela trabaja muchísimo sobre porque esta mujer hizo silencio durante veinte años y quizás se hubiese seguido comportando así, pero tomó conciencia que el silencio propio a veces perjudica a los demás. Me gusta lo que dicen de Patricia Highsmith: si empezás a leer un cuento de ella y hay un pozo y hay un niño, ya se te pone la piel de gallina porque algo va a pasar. Me gusta manejar ese suspenso. La novela arranca con una barrera, con todos los sonidos del ferrocarril, como que está por pasar un tren, como cualquiera de nosotros que se para enfrente de una barrera pero el tren no pasa y no pasa y tenés que decidir que hacer. Esa situación, que repite un coro casi como de una tragedia griega, va agregando elementos y finalmente compone una situación y sobre ella está trabajado el suspenso de esta novela.

i-¿De ahí que esa escena está narrada desde distintos puntos de vista?/i

El que se va componiendo es un punto de vista, después está el de ella e incluso la gente del pueblo tiene otro. Es que las cosas son así: uno a veces comparte con otras personas la misma situación y uno lo cuenta de una manera y otro de otra. El punto de vista en la literatura es uno de los lugares de más libertad del autor, de decidir desde qué punto de vista cuenta algo y en una historia como esta es interesante, que aunque este contado desde el punto de vista más de ella, también poner los otros, porque las verdades no son tan absolutas. Eso lo lográs tomando distintos puntos de vista porque también así te podés poner en los zapatos de todos los involucrados y no juzgar. Lo que le pasa a ella es que todos juzgan con el diario del lunes. Trabajar los distintos puntos de vista te permite mirar las cosas con un poco más de compasión la situación. Un "Yo lo vi así pero otros pueden haberlo visto de diferente manera".

i-¿Es importante no juzgar a sus personajes?/i

Eso hay que tratar de hacerlo siempre. Además de con Guillermo Saccomanno en literatura y de Mauricio Kartun en dramaturgia, me formé como guionista con María Inés Andrés y ella decía que vos siempre te tenés que poder poner en los zapatos de cualquier personaje, hasta del más malo, porque el más malo cuándo llega a la casa arropa al hijo y le da un beso en la frente. Todas las personas tienen lados grises y para hacer personajes tridemensionales hay que buscar los grises, sino estás haciendo como maquetas con el bueno y el malo. Hay que buscarle las sutilezas a los personajes.

i-Creo que es la primera vez que en una ficción habla de literatura y del uso de las voces ¿Es así?/i

Esta mujer sale del silencio escribiendo, entonces era imposible no hablar de ciertas cosas relacionada con la escritura y, a su vez, la persona que la saca de este silencio que es un personaje que se llama Robert lo hace a través de ofrecerle libros para leer. Lo que hay que tener mucho cuidado cuándo escribís una novela y hablás de literatura es de no caer en esa cosa de que se note que el que esté hablando es el autor. Hay veces que el autor quiere demostrar que sabe y pone personajes a leer cosas que no son pertinentes para ese personaje. Aquí la que habla de escritura no es una escritura, es una profesora de castellano para gente que habla en inglés, entonces sabe cosas del lenguaje, como se conjugan los verbos o los tiempos o las personas, pero no desde un punto de vista literario, pretende solamente ponerse a reflexionar sobre el uso del lenguaje pero desde una persona que tiene otra profesión que no es la escritura.

i-Es claro que no hay teoría literaria en el texto./i

Exactamente y los libros que le ofrece Robert son de distinta calidad literaria, si nos ponemos a conversar nosotros como lectores. Incluso cuando uno recomienda libros, uno no le recomienda los mismos libros a todas las personas, los recomendás por distintos motivos que tienen que ver con ese lector que está del otro lado y él le va ofreciendo libros con lo que él se imagina que la va a ayudar a salir del silencio y entonces hay mucha reflexión sobre esas dos cosas. Por otra parte, ella al principio se pregunta si escribir en primera persona o en tercera y esa sí es una dificultad que tuve como escritora porque empecé a escribir la novela en tercera y me daba cuenta que como es una novela que trabaja sobre el dolor, te encontrás en la tercera persona muy distanciado de ese lugar y entonces cambié cuándo ya tenía treinta o cuarenta páginas escritas y las reescribí en primera porque me parecía que funcionaba mucha mejor. Tomé parte de esta reflexión sobre lo que es escribir el dolor y en que persona conviene contarlo y se lo puse a ella bajado al nivel de alguien que es una profesora de Letras en el sentido no literario, sino del manejo del lenguaje pero alejado de la literatura.

i-De todas manera, le pido permiso para tomar una pregunta de ella y trasladársela: ¿Sabe el escritor para quién escribe? ¿Se lo plantea?/i

Siempre pienso que estoy escribiendo para alguien, no me imagino la escritura en soledad a posteriori, uno escribe en soledad pero es parte de un acto de comunicación. Sartre decía que si no estuviera el lector no sería más que manchas de tinta negra en un papel blanco. Se termina de completar en la cabeza del que lee, pero más allá de eso no sé quién es el que lee.

i-En esta novela usted se introduce en el mundo privado pero en forma diferente a otros de sus libros./i

Excepto "Betibú", que la escribí a propósito parada en el género policial, en las otras novelas no las escribí pensando que eran de género policial, las escribí pensando que eran novela y en algún momento aparecía la muerte, el enigma, la búsqueda de verdad y entonces aunque fuera una trama secundaria te lleva a lo policial y a veces eso te impide contar otras cosas. Dice Mempo Giardinelli que la estructura del policial es la estructura de la ética de la verdad, vos tenés que ir a ver cuál es la verdad. Cuándo escribía "Las viudas de los jueves", Guillermo Saccomanno me decía que mientras escribía tenía que estar leyendo "En busca del tiempo perdido" de Proust y me hacía leer todo el tiempo eso. Fue una muy buena indicación de un maestro porque me decía Mientras vos escribís un policial yo quiero que me sigas contando cómo se sienta esta gente en la mesa, como se visten, como se saludan, que cuadros tienen en la pared. Si vos te dejás arrastrar por la trama policial dejás de contar esto que a lo mejor es el mundo más interesante de esta historia. Con el policial te pasa eso, es una zona de confort porque sabés adónde vas pero, al mismo tiempo, te limita. En esta novela la búsqueda fue que no apareciera, porque quería sentirme liberada de esta zona de confort para poder irme a otros lugares y me parece que al lugar al que fui tiene que ver mucho más con los mundos privados e íntimos.

i-Robert hace una guía de lecturas que se inicia con un autor que está a menudo presente en sus libros, que es Tennessee Williams ¿Cuánto la marcó?/i

Tengo formación de dramaturgia, y después hice la carrera en la EMAD, donde también lo tuve a Tantanian y a muy buenos profesores. Tengo mucha lectura de teatro. Hoy las obras de teatro están hechas por directores donde lo que leés no es exactamente lo que ves porque tiene mucho de puesta en escena. Es muy difícil llevar tantas cosas de la puesta en escena a un texto dramático, pero en la época de Tennessee Williams o Arthur Miller funcionaban como obras literarias. En "Las brujas de Salem", Arthur Miller escribe un texto en las didascalias, donde en una de ellas hace toda una explicación de lo que es el macartismo en los Estados Unidos cuándo se persigue a cualquiera que pueda parecer comunista y Tennessee Williams hace lo mismo. Me gusta leer mucho de ese teatro y Williams en particular."

i-¿El resto de los libros que Robert le propone a la protagonista son importantes para usted? ¿Esa selección tiene que ver con sus lecturas?/i

Algunos sí y alguno no, a todos los he leído pero no quiere decir que todos me marcaron de la misma manera. Como decía antes, es una indicación pensada en ese lector. A veces viene gente y me dice tengo el cumpleaños de mi tía, ¿Qué libro le regalo? Y uno dice, ¿Quién es tu tía? ¿Cuántos años tiene? ¿De qué trabaja? Porque mi tía no me significa nada para recomendar un libro. En la novela hay una indicación de lectura muy especial para esta mujer en esa circunstancia.

i-La noto sorprendida por la repercusión que tiene este último libro en las redes sociales./i

Estoy en las redes desde que salió "Betibú", pero las redes van incrementando su poder de viralización y uno se va metiendo más. En "Un comunista en calzoncillos", recibí muchos mensajes pero en esta me impresionó porque todas las mañanas me despierto con diez mensajes de gente que está leyendo o que se compró el libro o que lo va a leer. Es muy gratificante saber que el libro está circulando por tantos lugares y también son muy diferentes. Alguien te puede mandar un ensayo literario y alguien te puede mandar una impresión de un lector que te cuenta lo que le pasó y otro que te dice se sintió identificado porque le pasó algo similar en la vida. Lo que más me impresiona es que mucha de la gente que me escribe me dice que lloró con la novela. No es tan común que uno leyendo llore, yendo al cine es más fácil, hay una transferencia mucho más rápida, en la literatura es más difícil, pero la sensación que tengo es que el que dice lloré, lo dice no como un reproche, sino casi como un acto de liberación, de decir me pude conectar con algo muy privado, sentirlo y pude llorar. Eso me dio un alivio: siento que más que una cosa negativa, el mensaje es positivo, de haberse conectado con una emoción que te permita llorar.

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