Mientras realiza una nueva temporada de la obra ¿Por qué será que nos queremos tanto? con Maxi Ghione, Roly Serrano habló a corazón abierto y contó su dura historia de vida, se definió como un "sobreviviente" y asegura que el teatro hizo que sea buena persona.

Querido por todos, la historia de Roly no fue nada fácil. Tras haber sufrido abandono y golpes en la infancia, logró recuperarse, hasta que hace unos años enviudó y la pérdida volvió otra vez a marcar su vida: "Después de tocar fondo pasé por varias etapas. Una fue darme cuenta de que estaba enfermo. Confieso que me estaba matando. Engordé tanto que Alberto Cormillot me agarró de la oreja, me protegió y curó", contó en Clarín.

"Las pérdidas me trabaron mucho en la vida. Después de las perdidas, tenés el poder de despegar. Fui un niño que perdió a su familia, después perdí a mi esposa por una enfermedad. Vivís con bronca hasta que lográs transformarla", contó.

La historia de Roly: "Nací en un pueblito chiquitito, Guachipas, Salta. Crecí sin mi madre. Mi papá era jefe de correo. Después fui a vivir con unos tíos tremendos que me pegaban con látigo. A los 13 me fui a vivir solo. Cuando había logrado vencer el miedo a perder y lograr crear una familia, volví a perder. Pero mi mujer me enseñó a ser mejor hombre y me dio un hijo suyo, el que yo no pude tener. Tomé todo eso como aprendizaje. Hace cinco años encontré mi otra parte, a mi mamá".

La actuación no sólo le permitió superar los malos momentos, sino encontrar a su familia: "Mi hermana cuenta que mi mamá veía televisión y de repente se ponía a llorar. Hasta que un día aflojó y dijo 'uno de sus hermanos es el señor que almuerza con Mirtha Legrand'. A ella le habían quitado a sus hijos, no los había abandonado".

"El teatro fue mi gran terapia. A partir de mi oficio pude exorcizar cosas tremendas de mi vida. De chico, mis tíos me encerraban el baño y en ese baño yo sufría, dormía, lloraba. Cuando tuve ya que actuar, sacaba el dolor de la memoria emotiva", dijo y agregó: "Podría haber sido golpeador. Una persona de carácter resentido".

A pesar de los golpes, se considera "el hombre más feliz del mundo": "El año pasado estaba deprimido y me llama un amigo '¿deprimido? Acordate cuando dormías en la terminal. Ahora tenés tu casita y la gente te quiere'. Tenía razón. No necesito más. Jamás tendría un auto que valga más que un departamento o una casa que no pueda limpiar yo solo".

Se considera un "sobreviviente" y sabe que muchas personas que pasaron por lo mismo que él "quedaron en el camino", es por eso que le gustaría llevar un proyecto de una escuela de arte a Salta para poder ayudar a los chicos que sufren lo mismo que sufrió él en su infancia.