NA 162
NA 162

Los menores y los adultos mayores son, en general, los más indefensos ante los embates de enfermedades y epidemias. Pues lo son, además, ante los daños medioambientales.

Y según alertó la Defensoría del Pueblo en un reciente informe, se detectaron resultados de plombemias (valores de plomo en sangre por encima del mínimo tolerable) en la población de la Cuenca Matanza Riachuelo (CMR). El dato de que un 25% de los niños mostraban valores de plomo en sangre mayores de 5 ?g/dl (microgramos por decilitro de sangre) y como consecuencia un 21% de ellos padecían un "probable retraso en su desarrollo", alarmó a las autoridades del organismo, quienes informaron, además, que presentaron anemia un 32,1% de los niños y un 21,8% de las embarazadas.

El plomo es un metal pesado utilizado en la industria para la fabricación de innumerables productos. Y paradójicamente, pese a que la exposición humana a este producto es considerada "un riesgo ambiental", para el Ministerio de Salud de la Nación la intoxicación con plomo es considerada "la principal enfermedad ambiental previsible de la niñez".

Este metal ingresa en el cuerpo humano por vía inhalatoria, digestiva y transplacentaria, y se deposita en los huesos por sus propiedades similares a las del calcio, siendo liberado a la sangre en situaciones de mayor recambio, como en el embarazo. El plomo no cumple ningún rol fisiológico o biológico en el organismo, por lo que su concentración plasmática debería ser inexistente. También se encuentra en otros fluidos biológicos como: leche materna, sudor, lágrimas, fluido seminal, pelos y uñas.

"Los niños son especialmente vulnerables al plomo, por eso conforman el principal grupo de riesgo. Desde etapas muy tempranas de su desarrollo pueden estar expuestos a través del pasaje transplacentario en el útero materno y en la primera infancia por sus características fisiológicas y conductuales –resume el informe–. La capacidad de absorción gastrointestinal es cinco (5) veces mayor que en el adulto, la eliminación es menor y la deficiencia de hierro y calcio en la dieta aumenta la absorción de plomo. Cuando los niños inician la deambulación independiente y el juego constante en el suelo, comienza el contacto con las fuentes de exposición ambientales y al mismo tiempo el hábito de pica (ingerir sustancias no alimenticias, como tierra, lana, pintura) favorece su ingesta, por ello son el grupo etario más afectado".

Tras alertar de que "el desarrollo cerebral incompleto y la mayor permeabilidad de la barrera hematoencefálica en fetos y niños pequeños (hasta los 36 meses), sumado a un mayor flujo sanguíneo cerebral, facilitan el pasaje, distribución y depósito de sustancias neurotóxicas en el sistema nervioso en desarrollo", el documento asegura que "el resultado son alteraciones neuroconductuales permanentes" y que "las secuelas de daño cerebral causado por la exposición crónica a bajos niveles de plomo son irreversibles e intratables".

Así es que el Ministerio de Salud de la Nación, a través de la "Guía de Prevención, Diagnóstico, Tratamiento y Vigilancia Epidemiológica de las Intoxicaciones Ambientales Infantiles con Plomo", elaborada por el Programa Nacional de Prevención y Control de las Intoxicaciones en octubre 2013, expresó que "en nuestro país, las fuentes más importantes de exposición al metal derivan de la contaminación de suelo, aire, agua o alimentos con desechos industriales o por la actividad minera y presencia de fundiciones".

Especialistas advirtieron que el plomo, una vez que ingresa al organismo, puede provocar, según las concentraciones en sangre y tiempo de exposición, intoxicación aguda o crónica. La intoxicación aguda se manifiesta con síntomas gastrointestinales tales como lesiones erosivas de la mucosa, anorexia, cólicos abdominales, constipación, trastornos respiratorios, y neurológicos como letargo, irritabilidad, ataxia, convulsiones y coma. La intoxicación crónica se presenta con neuropatía periférica, cólico saturnino, anemia, nefropatía intersticial crónica, gota saturnina, depósito de plomo en hueso e inmunosupresión.

Pero las principales manifestaciones son a nivel neurológico e incluyen retardo mental, trastornos del aprendizaje, alteraciones de conducta, deterioro del coeficiente intelectual, pérdida de memoria y ansiedad.

"Se acepta que el cociente intelectual de estos pacientes disminuye 0,25 a 0,50 puntos por cada microgramo de plomo que aumente su plombemia", avisó el informe, que señala que "no existe un umbral de neurotoxicidad, por lo que no se puede establecer un límite de seguridad en la exposición al plomo, y por lo tanto no hay un valor de plombemia sin efecto, habiendo registros de correlación negativa entre índices de rendimiento académico y plombemias aun por debajo de 5 ?g/dl".

Esto quiere decir que las consecuencias de estas alteraciones tempranas del desarrollo pueden ser graves, irreversibles y de por vida.

La importancia de prevenir

Dado que los efectos en el desarrollo cognitivo producidos por la exposición al plomo son irreversibles, la prevención es esencial:

1) La prevención primaria está dirigida a eliminar las fuentes de plomo del ambiente cercano al niño y promover hábitos de vida saludable.

2) La prevención secundaria busca detectar a los niños con niveles de exposición inadecuada al metal para su atención integral y oportuna.

"Se deberá garantizar una correcta evaluación ambiental y la eliminación y/o control de la/s fuente/s de exposición, caso contrario se deberá retirar al niño del ambiente contaminado", advierte el documento, que insta, además, a la autoridad ambiental local competente a "instrumentar las medidas que correspondan para la remediación del sitio contaminado".

En la actualidad, el nivel tolerable de plomo en sangre, acorde al Center for Disease Control and Prevention (CDC), es de 5 ?g/dl. Sin embargo, el tratamiento médico farmacológico para intoxicación con plomo se implementa a partir de plombemias mayores de 45 ?g/dl. De esta forma, cuando se detecta a un niño con valores de plomo en sangre entre 5 y 45 microgramos por decilitro, el tratamiento consta principalmente de medidas de prevención de riesgos ambientales y control/eliminación de la fuente de exposición, es decir, el cese de la exposición ambiental, para mantener asintomático al niño y prevenir el contacto de población susceptible con la fuente de plomo.

Por dichas razones –continúa el documento– "se torna necesario identificar en cada control y consulta pediátrica la posible exposición del niño a fuentes de contaminación con plomo y en caso de que ésta se encuentre presente, resultará fundamental la realización de una determinación de plomo en sangre para establecer la posible contaminación". Para ello, el Departamento de Salud Ambiental dependiente del Ministerio de Salud del Gobierno de la Ciudad desarrolló la Hoja Pediátrica de Pesquisa del Riesgo Ambiental (HOPED), herramienta creada para la valoración de la exposición a diversas fuentes contaminantes en el ámbito intra/extra-domiciliario del niño y detectar así a la población vulnerable a fuentes de exposición de contaminantes ambientales.

Una vez detectado el riesgo de exposición, se debe confirmar el diagnóstico a través de los métodos de dosificación en sangre. Primeramente en sangre capilar (extracción de una gota de sangre de un dedo, por ejemplo) y, si los valores obtenidos superan los aceptados internacionalmente, se procede a la extracción de sangre venosa para una nueva determinación.

En este sentido, desde la Defensoría del Pueblo se le requirió a la Dirección General de Redes y Programas de Salud el listado de establecimientos efectores de salud pública dependientes del Gobierno de la Ciudad donde se implementa efectivamente la Historia Clínica Pediátrica de Pesquisa del Riesgo Ambiental (HCPPRA), especificando además si ésta se utiliza de forma rutinaria/sistemática o sólo en casos particulares a partir de la sospecha de riesgo ambiental. Para sorpresa, de la información remitida se desprendió que "no se cuenta con equipos que permitan realizar las determinaciones de plomo en sangre y que, en el caso en que se solicite, la muestra se deriva al Laboratorio de Toxicología del Hospital Garrahan".

Por su parte, la Dirección General de Redes y Programas de Salud a través del Departamento de Salud Ambiental respondió respecto de la HOPED que "se viene aplicando para la recolección de datos ambientales en los efectores del sistema de salud como fuente primaria. Es una herramienta útil en la consulta individual y no se instrumenta en forma rutinaria ni sistemática, es decir, no es obligatoria hasta la fecha".

Consultado por Infobae, el doctor Mariano Díaz, médico pediatra y toxicólogo del Centro Nacional de Intoxicaciones del Hospital Posadas, destacó que "el plomo proviene de desechos que tienen que ver con las baterías de los autos, cables eléctricos, fábricas de cristales, cerámicos", por lo que -consideró- "hay que controlar dónde se desechan los productos".

Tras asegurar que "el factor sociocultural, la pobreza, el hacinamiento en el que viven los chicos" son otros factores que predisponen, el especialista analizó que "además muchos niños están desnutridos y eso los hace inmunodeficientes".

"La exposición crónica al plomo puede traer alteraciones de la conducta: trastorno de aprendizaje, perturbaciones psicomotrices, incoordinación; eso en el aspecto neurocognitivo, en el aspecto gastrointestinal, genera náuseas, diarrea, dolor", detalló, al tiempo que adelantó que "si la exposición continúa, aparecen problemas renales, anemia y problemas de crecimiento".

De la teoría a los casos: las historias tras los números

Los casos detectados hasta el momento demuestran que la población más afectada por intoxicación con plomo es la población de menores recursos que vive en asentamientos precarios, en las márgenes del Riachuelo, o cercanos a basurales y/o cementerios de automóviles, lugares donde los niños juegan en suelos contaminados. Estos terrenos, principalmente ubicados en la zona sur de la Ciudad, tienen una historia territorial que determina su condición actual, tras décadas de ser destinatarios de actividades de alto riesgo ambiental (disposición final y quema de basura, cementerios de vehículos, etc.) y que actualmente acarrea las consecuencias de dicha contaminación.

En el informe consideran que el aumento poblacional registrado, especialmente en los últimos años, en la mayoría de los asentamientos de la Ciudad, "da cuenta de la potencialidad del riesgo ambiental". La cantidad de familias que viven en estas áreas, muchas de ellas probablemente contaminadas, convierten esta problemática de salud ambiental en una importante cuestión que no debería ser desatendida por los actuales funcionarios gubernamentales con responsabilidad en la temática.

El Departamento de Salud Ambiental del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires remitió a la Defensoría del Pueblo los resultados de estudios realizados entre 2004 y 2010, que revelaron un total de 82 casos de intoxicación con plomo con valores sanguíneos mayores de 10 ?g/dl.

La población estudiada era residente de la Cuenca Matanza Riachuelo (CMR), y en su mayoría niños. Se detectaron 37 casos confirmados en la Villa 20; 18 casos en el Barrio Ramón Carrillo; 8 casos en la Villa 21-24, Barrio San Blas. Los estudios de sangre, el tratamiento y el seguimiento correspondiente fueron realizados por el Hospital General de Niños "Dr. Pedro de Elizalde"; Hospital de Pediatría S.A.M.I.C. "Prof. Dr. Juan P. Garrahan", y los hospitales generales de agudos "Dr. Cosme Argerich", "Dr. José María Penna" y "Donación Francisco Santojanni", con la intervención de los Centros de Salud y Acción Comunitaria (Ce.S.A.C.) nros. 16, 18, 24 y 35.

Vale aclarar que todos estos resultados se rigieron por la normativa vigente al momento, que era de valores de plombemia que duplicaban a los valores actuales. Por ello, bien puede inferirse que con los valores de corte actuales muchos más niños podrían encontrarse incluidos en los listados de afectados por plombemia.

Un estudio realizado en 2013 por la Autoridad de la Cuenca Matanza-Riachuelo (ACUMAR) y el Ce.S.A.C. Nº 35, enmarcado en la "Evaluación Integral de Salud en Áreas de Riesgo" (Eisar), evaluó a 962 niños menores de 6 años y 95 embarazadas de la Villa 21-24. Se detectó que un 25% de los niños mostraban valores de plomo en sangre mayores de 5 ?g/dl. y como consecuencia de ello un 21% de los mismos padecían un "probable retraso en su desarrollo". Asimismo, presentaron anemia un 32,1% de los niños y un 21,8% de las embarazadas.

Otro estudio, realizado por el Área Programática de Salud del Hospital General de Agudos "Dr. Cosme Argerich", dado a conocer en marzo de este año, estudió a 100 niños entre 2 y 10 años de edad residentes del Barrio Rodrigo Bueno (lindante con un cementerio de automóviles). A través del estudio, se observó que 25 niños presentaban valores iguales o mayores de 5ug/dl de plomo en sangre, y ningún niño presentó valor 0 (cero).

Según el informe, "la gran mayoría de los vehículos del cementerio de automóviles fueron retirados y en el lugar que quedó vacante los vecinos limpiaron superficialmente el terreno y lo destinaron a una plaza de juegos. El terreno no tuvo remediación, por lo que el plomo seguiría allí a pesar del retiro de los autos, con el altísimo riesgo que ello conlleva".

"Es muy importante el seguimiento posterior de los niños que, a través de estos estudios epidemiológicos, son diagnosticados con plombemias superiores a las aceptadas internacionalmente", recomiendan desde del organismo. El protocolo de seguimiento implementado por la Red Toxicológica de la Ciudad, conformada por el Hospital General de Agudos "Dr. Juan A. Fernández", el Hospital General de Niños "Dr. Ricardo Gutiérrez" y el Hospital General de Niños "Dr. Pedro de Elizalde", es de vital trascendencia para el monitoreo clínico de esos niños y la adherencia al tratamiento, pero sobre todo, para lograr una modificación en el entorno domiciliario que disminuya o elimine las fuentes de exposición.

"Asimismo –insistieron–, se debería implementar una adecuada interrelación entre esta Red, destinada al mantenimiento de la salud, y los organismos del ámbito de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires con competencias ambientales, a los efectos de viabilizar eficazmente y a la brevedad el correspondiente saneamiento ambiental de los sectores contaminados que se hubieran detectado".

En resumen, se puede concluir lo siguiente:

1- Los estudios epidemiológicos realizados en niños y las diversas muestras de suelo analizadas revelan una elevada presencia de plomo en varios sectores de la Ciudad. Se hace evidente, entonces, la necesidad de un abordaje integral de la problemática que contemple, entre otras, la debida articulación entre los diferentes estamentos gubernamentales con competencia en lo ambiental y en salud.

2- La escasa implementación de mecanismos de detección de riesgo, como la HOPED, y la falta de equipamiento propio en los establecimientos de salud del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para el diagnóstico de esta problemática, no sólo obligan a derivar estas muestras/estudios por fuera del ámbito de su jurisdicción sino que también contribuyen a gestiones burocráticas y gastos indebidos de recursos.

3- La Agencia de Protección Ambiental, máxima autoridad ambiental de la Ciudad, no tomó, al momento, debida injerencia en la remediación de aquellos sitios que ya fueron detectados como fuentes contaminantes, tarea para la cual resulta fundamental articular todas las herramientas, recursos y presupuesto necesarios que posibiliten, a la brevedad, lograr el efectivo saneamiento territorial.