A 40 años de la muerte de su fundador, el general Juan Domingo Perón, el peronismo sigue vivo: desde el retorno a la democracia, en 1983, ha gobernado el país durante casi veintitrés años; algunas provincias y algunos municipios del Gran Buenos Aires tienen autoridades de esa fuerza política desde que los militares volvieron a los cuarteles.
Los números son tan contundentes que
Precisamente, la gobernabilidad aparece como la virtud número 1 del peronismo.
Para entender esta faceta del peronismo lo mejor es leer y releer el Manual de Conducción Política, una compilación de las enseñanzas de Perón sobre el arte en el que se consideraba un experto: la conducción.
La regla número 1 es el éxito: "el conductor es un constructor de éxitos", explica el General. El peronismo es pragmático: busca el éxito, que determina si los medios utilizados son buenos o malos. "En el arte de la conducción hay solo una cosa cierta. Las empresas se juzgan por los éxitos, por sus resultados. Podríamos decir nosotros: ¡qué maravillosa conducción!, pero si fracasó, ¿de qué sirve?", señala.
Y todavía más. "La conducción es un arte de ejecución simple: acierta el que gana y desacierta el que pierde. La suprema elocuencia de la conducción está en que si es buena, resulta y si es mala, no resulta". Los perdedores no valen gran cosa en el peronismo.
Es gente muy práctica ya que, más que las ideas, importa la acción política.
Son dos los elementos que condicionan la acción del conductor: el tiempo y el espacio. Los peronistas son pragmáticos porque, a la exigencia del éxito, le agregan el método de auscultar primero cuál es el clima de época en el que deben moverse, internacional en primer lugar; a partir de esa condición ambiental desarrollan su actividad.
Por eso, pueden ser privatistas en los noventa y estatistas en la primera década del siglo XXI; cambiaron el mundo y la Argentina, y ellos se adaptan a los nuevos consensos.
Tienen un conjunto de ideas que los identifica, pero no son tantas ni son rígidas. "Tenemos, sí, una ideología y una doctrina, dentro de la cual nos vamos desarrollando. Algunos están a la derecha de esa ideología y otros están a la izquierda, pero están en la ideología. Los de la derecha protestan porque están los de la izquierda, y los de la izquierda protestan porque están los de la derecha. Yo no sé cuál de los dos tiene razón. Pero eso es una cosa que mí no me interesa. Me interesa que exista un Movimiento que sea, diremos, multifacético, que tenga todas las facetas que un Movimiento debe tener", sostiene.
Ese Movimiento tiene un líder bien definido, que es ese conductor y siempre que garantice el éxito. Es una fuerza organizada porque "la organización vence al número y vence al tiempo"; allí, "cada uno tiene una misión"; cada miembro "puede tener su idea, pero teniendo un objetivo común" y manteniendo su lealtad al Movimiento y al conductor.
¿Y cuál es la misión del líder? "Yo estoy para llevarlos a todos, buenos y malos, hacia los objetivos que se persiguen. Porque si quiero llevar solo a los buenos me voy a quedar con muy poquitos. Y en política con poquitos no se puede hacer mucho. Mi misión es la más ingrata de todas. Muchas veces viene un tipo al que yo le daría una patada y le tengo que dar un abrazo".
iCeferino Reato es editor ejecutivo de la revista Fortuna, su último libro es ¡Viva la sangre!/i