El cumpleaños número 20 años del emblemático álbum Youthtanasia fue la excusa para la cita. Media hora después de lo previsto y con una multitud que pedía por ellos a los gritos, la banda californiana llegó corriendo al escenario del estadio que desde las 20 del Día del Trabajador latía rock.
El ritual previo a la presentación de los Megadeth incluyó cantos a cappella del Himno Nacional, rollos de papel higiénico que hicieron de pelotas de voley, pogos en los que una persona corría a los miles de ocupantes del campo a los costados para luego unirse a los saltos en el medio de la ola humana. La cantidad de cabezas impedía a los ocupantes de la platea saber si debajo había piso o una cama elástica que los hacía saltar en forma incansable.
A las 21:30, se apagaron las luces. Silbidos y aullidos ensordecedores invadieron el estadio. Se encendió una luz que siguió el recorrido de la melena colorada de Dave Mustaine mezclada con el sonido eléctrico de su guitarra. De forma casi automática, los brazos se extendieron; algunos puño en alto y otros con los dedos en cuernos. Seguido, entraron corriendo Chris Brloderick (guitarrista) y el bajista Davie Ellefson. Arriba, detrás de los platillos, estaba el potente Shawn Drover. Los acordes de "Hangar 18" dijeron que el show había comenzado.
El recital se extendió poco más de hora y media. "Prince o Darkness", "Wake up dead", "In may darkest hour", "Sweating bullets", "She-wolf", fueron algunos de los temas que hicieron vibrar a los miles de presente unidos en una sola voz.
Una pantalla enorme, acompañada de otras dos a los costados de la batería, fueron centro del armado con luces, de videos continuos y de generar efectos que ponía a los músicos adentro de escenas increíbles.
Conmovido, Mustaine saludó y aplaudió al público varias veces. Uno le revoleó una bandera argentina. El cantante la levantó del piso, la besó y ató al micrófono. Los aplausos y el grito sostenido de "¡Argentina, Argentina!" podría haber levantado el techo del estadio.
No faltaba nada. Pero hubo más. "Trust", "Kingmaker", el esperado "A tout le monde", "Cold sweat" -un
covers de la legendaria banda Thin Lizzy, "Peace sells" y "Symphony of destruction", que contó con la
presencia de la mascota del grupo que hacía un tiempo no aparecía en escena, Vic Rattlehead.
"Holy wars? the punishment due", fue marcó el final. Tomado de los hombros, los Megadeth, dieron por finalizado el show y la gente se fue con una enorme sonrisa en el rostro.