Vestido de asistidor y como dueño de la pelota, Lionel Messi sufrió una variación en su estilo de juego desde que volvió de la lesión en el bíceps femoral izquierdo que lo dejó afuera de las canchas durante dos meses. A pesar de que en su regreso anotó un gran gol contra el Getafe, el rosarino no puede volver a moverse por la senda goleadora que tiene acostumbrados a todos los fanáticos.
En el choque ante Real Sociedad por el partido de ida de la Semifinal de la Copa del Rey, Lio tuvo tres oportunidades claras para marcar y no pudo vulnerar al arquero rival. Primero se las ingenió para empujar un centro rasante, pero la tapó bien Zubikarai. En el rebote, la "Pulga" definió mal y no logró gritar.
Luego se paró ante la pelota para ejecutar un tiro libre que estaba ubicado en el sitio ideal para su pierna izquierda. Clavó un zurdazo impecable, pero esta vez el ángulo del travesaño fue el encargado de decirle que no.
Sobre el final del encuentro, ya obsesionado con inflar la red, la "Pulga" enganchó de aire un centro en la puerta del área, pero nuevamente Zubikarai puso sus manos para evitar que el marcador pase a estar 3-0.
Para colmo de no poder desahogar el grito que tiene guardado, Messi se llevó una tarjeta amarilla por una entrada desde atrás, luego de que él mismo perdiera la pelota en la puerta de área y saliera a correr hasta la mitad del campo para intentar recuperarla.