Todo había comenzado bien para River, mucho mejor de lo que se esperaba en el regreso al Monumental tras haber quedado eliminado de la Copa, de los ocho partidos que llevaba sin ganar (seis por el torneo local y dos por la Sudamericana) y de una imagen del equipo intrascendente que puso bajo la lupa hasta al mismísimo Ramón Díaz. La gente recibió al equipo con aplausos y ese orgullo habitual al que los hinchas apelan cuando el equipo no les da nada: "River, mi buen amigo, esta campaña volveremos a estar contigo, te alentaremos de corazón, esta es tu hinchada que te quiere ver campeón, no me importan esas fotos, que saca la federal, yo te sigo a todas partes, cada vez te quiero más", cantaron cuando los 11 salieron a la cancha para enfrentar a Olimpo, el último de los promedios.
La tarde le hizo un guiño a River cuando a los 8 minutos de partido Gio Simeone abrió el marcador, no solo por el tanto del triunfo parcial sino porque fue convertido por un pibe, esa generación que la tribuna destaca por sobre los consagrados en los momentos complicados.
Pasaron 35 minutos hasta que el partido y el humor cambiaron para River con el gol del empate de Olimpo, que sacó del letargo a los hinchas que, de manera escalonada a partir de ese momento, reaccionaron contra la tibieza de los suyos, contra la falta de rebeldía, la falta de compromiso.
Ramón Díaz, hábil para los momentos que pide el partido, sacó a Jonathan Fabbro en el entretiempo para evitar el escarnio del jugador por el que más pidió en el pasado receso (y en el anterior).
Ya en el complemento, se oyeron los primeros silbidos durante una jugada en la que participaron Carbonero, Mercado, Maidana y Ledesma, mientras que en la continuidad la tocó Kranevitter y al jugador surgido de la cantera lo premiaron con aplausos.
Cinco minutos después, los primeros cantos de guerra bajaron sobre el Monumental: "Señores yo soy del gallinero, A River lo sigo a donde va, no importa aunque ganes o pierdas, tu gente siempre te va a alentar. Vamo' vamo' River Plate, ponga huevo' y corazón que esta hinchada se merece ser campeón", clamaban los hinchas en su intento de alcanzar las fibras de los jugadores.
Promediando el complemento, cuando Olimpo ya había marcado el 2-1, la canción elegida marcó la diferencia entre ellos (los jugadores que no contagian) y nosotros (los que alentamos igual): "A ver si nos entendemos, los jugadores y la popular, ustedes mátense en la cancha que acá en las tribunas los vamos a alentar, pongan más huevo, pongan más corazón, como ponemos, nosotros en el tablón, dejamos todo, solo por ver esta camiseta".
Y después del clásico "movete, River movete, movete dejá de joder" oído a 10' del final, de los silbidos en el ingreso de Osmar Ferreyra (otro de los jugadores pedidos por el DT) al campo de juego y de una silbatina casi generalizada durante el partido, todo explotó: "Jugadores, la c... de su madre, a ver si ponen h..., que no juegan con nadie", tronó el Monumental con un claro mensaje de repudio a un plantel que fracasó en sus objetivos y que lejos estuvo, siquiera, de demostrar una actitud diferente a su habitual apatía.