Para el profesor Riccardi, uno de los mayores especialistas en Iglesia y papado, con experiencia en gestión y diplomacia -fue ministro para la Cooperación Internacional en su país-, la "sorpresa a href="https://www.infobae.com/" rel="noopener noreferrer" Francisco/a" no ha sido sólo una gran noticia para la Santa Sede sino también para el proyecto europeo en crisis.
En una conferencia titulada Cómo se lo ve al Papa Francisco en Europa, que dictó en la Universidad Católica Argentina, invitado por la Cátedra Pontificia que dirige Marco Galli, Andrea Riccardi, que también es fundador de la Comunidad San Egidio, relacionó ambas crisis: la de la Iglesia Católica y la de Europa.
Profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Roma III, y doctor honoris causa de la UCA, el diploma le fue otorgado justamente por Jorge Bergoglio, en reconocimiento a su compromiso con la paz y el diálogo interreligioso. El hoy papa Francisco lo definió en aquella ocasión como "un fino buceador de la profundidad y complejidad de la Historia". Hoy Riccardi aplica esas cualidades de análisis al inesperado pontificado del cardenal argentino.
El marco en el que se dio la novedad de este primer papa latinoamericano es descripto por Riccardi como el de una globalización que descompone las identidades históricas e implica debilitamiento del Estado y de las políticas sociales ante la globalización financiera. En referencia a este debilitamiento del tejido social debido al creciente individualismo, citó al sociólogo francés Alain Touraine, quien habla del "fin de las sociedades" y sostiene que hoy el sujeto es el individuo.
Por otro lado, también había una crisis de la Iglesia, cuya posición describió como "declinante ante la opinión pública, tras el período de escándalos por la pedofilia del clero, las filtraciones del 'vatileaks'" y la imagen que daban los "italianos de la Curia", como "manifiestamente incapaces" de ordenar las finanzas vaticanas.
Pero Riccardi ve incluso "problemas más profundos", fruto de la naturaleza misma de la institución. En contraste con el individualismo al uso, "la Iglesia católica es comunidad, pueblo, familia; la Iglesia es un ihardpower/i en una globalización que ama el isoftpower/i". Y la pregunta es si "ha sido capaz de hablar con el hombre y la mujer del mundo globalizado".
En su opinión, las Conferencias Episcopales Europeas se mostraron muy autorreferenciales, centradas sólo en decisiones circunscriptas al mundo eclesial. "La enfermedad del catolicismo europeo fue el volverse gris, canoso: envejecimiento de los fieles y caída de la capacidad de atracción, senilidad del espíritu".
"El catolicismo se resignaba a ser minoritario y se consideraba inexorable el cumplimiento de una ley que dice que a mayor modernidad, menos religión", sostuvo.
La sorpresa Francisco
"La Santa Sede –agregó- era un problema para el catolicismo. La sorprendente abdicación de Benedicto XVI parecía la somatización de la crisis por un Papa honesto y sufriente".
A sólo 8 meses de la elección de Bergoglio, Riccardi se pregunta: "¿Cómo es posible que una Iglesia juzgada dramáticamente en decadencia pueda ser hoy juzgada positivamente? ¿Se resolvieron todos los problemas? No es fácil que la Iglesia revierta su proceso de envejecimiento. Sin embargo, en pocos meses se tuvo la sensación de vivir una primavera, la atención de todos –incluso de los ajenos o distantes de la Iglesia- ha sido atraída por una comunicación acertada. Como la de Juan XXIII, de quien alguien dijo que 'volvía a poner en circulación el lenguaje de Cristo".
Con Francisco pasa algo parecido, dice y asegura que las 100.000 personas que van al Ángelus cada domingo no son llevadas por una organización, "son creyentes y no creyentes con sed de escuchar, hay simpatía, en el sentido profundo de la palabra porque Francisco mostró que es un hombre involucrado en la problemática de hoy".
Uno de los grandes problemas del encanecer de la Iglesia fue su distanciamiento de los pobres, señala. Francisco en cambio actúa como el Buen Samaritano y da centralidad a la fe antes que a las cuestiones institucionales.
También se lo critica
Pero, advierte Riccardi, no todos son elogios, y ya surgen algunas primeras críticas. Por ejemplo, las de quienes consideran que Francisco "ha dejado caer o puesto en segundo plano las batallas pro vida", criterio que él no comparte, desde ya.
Bergoglio enfrenta también, como es lógico, resistencias internas dentro del mundo eclesiástico. De gente que, como el hijo mayor de la parábola bíblica del hijo pródigo le reprocha al padre ser demasiado misericordioso con su hermano: ¿Acaso no hemos sido siempre fieles? ¿Por qué nos criticas?
Otros señalamientos van hacia la "simpleza" de su predicación. "Habla como un cura de campo", dicen. Y Riccardi replica que, si todos los párrocos rurales fuesen así, otra sería la historia de la Iglesia. "La homilía, dice este especialista, es la piedra de toque para determinar la cercanía y capacidad de encuentro de un pastor con su pueblo".
Finalmente, hay críticas de sectores progresistas ansiosos por ver de inmediato reformas en el papel de la mujer o la democracia interna y que preguntan: ¿qué cambios concretos hubo hasta ahora?
Algunos, dice este profesor italiano, comparan incluso a Bergoglio con Gorbachov: un líder simpático pero incapaz de frenar la crisis con decisiones de gobierno. Para Riccardi lo que sucede es que "Francisco no muestra populismo en materia de gobierno y no piensa hacer las reformas a prisa".
Riccardi, un hombre cercano al cardenal Bergoglio, quien presentó un libro suyo –Convivir- en 2008, dice que el actual papa "no es un intelectual o un investigador, sino un hombre que ha reflexionado sobre la realidad". La globalización financiera y cultural ha sido uno de los objetos de esta reflexión.
Papafranciscanismo
De todos modos, el profesor aclara que "estas objeciones son una pequeñez en comparación con la capacidad atractiva de este papa en Italia y Europa, donde parece que se vive una nueva primavera eclesial, lo que no quiere decir solución a todos los problemas ya, sino que la Iglesia tiene los recursos para volver a ser atractiva y no permanecer como un muro protector de la mediocridad".
Al respecto, evocó la encuesta de Cencis (ver Papafranciscanismo en Italia: la gente, más altruista) que resalta que, para los italianos carentes de líderes, el papa Francisco encarna a un padre positivo, un catalizador de las energías positivas de la sociedad italiana.
"En la crisis de la sociedad europea es necesario un hombre como él, sostiene Riccardi. La iglesia franciscana de Bergoglio es una iglesia combativa que no ha renunciado a cambiar el mundo. En el conflicto sirio, por ejemplo, el Papa logró retomar el tema de la paz, tanto con gestos –la vigilia de oración- como con diplomacia -la carta a Putin".
"El primer Papa latinoamericano de la historia –concluyó Riccardi- no fue percibido como una devaluación del cristianismo sino como una liberación de la simbiosis entre crisis de la Iglesia y ocaso de Europa. El pesimismo de Europa se había trasladado a la Iglesia. La elección del papa Bergoglio ha sido un paso adelante en la construcción de la universalidad y puede ser un mensaje a una Europa en riesgo de esclerotización".