Entre gritos de alegría y mucho entusiasmo, el Papa Francisco llegó a la favela Varginha. Tras una recorrida, en la que se lo vio emocionado, saludando a todas las personas del asentamiento, uno de los que fuera en el pasado cuna de delincuentes y narcotraficantes.
"Habría querido llamar a cada puerta, decir buenos días, pedir un vaso de agua, tomar un "cafezinho" (...) Pero Brasil ¡es tan grande!", dijo tras subir al escenario que se instaló en el centro de la favela y al que asistieron miles de personas.
Al llegar, entre la gente, sobresalía una bandera argentina que llama a Francisco de una manera particular: "El Papa de los villeros".
El mensaje es muy claro y recuerda los tiempos en que como cardenal y arzobispo de Buenos Aires, Bergoglio recorría las villas de emergencia llevando la palabra de Dios a los más necesitados.