Con las reuniones en marcha, comenzarán las complicaciones. El premier israelí, Benjamín Netanyahu, dijo que las fronteras de 1967 no son negociables. Los palestinos quieren hablar como mucho de pequeñas correcciones y el intercambio de territorios para que Israel pueda seguir manteniendo los bloques de asentamientos más grandes y cercanos a la frontera.
Levantar cientos de pequeños asentamientos dispersos en toda Cisjordania podría colocar a Israel ante una gran prueba interna. Decenas de miles de judíos que viven allí están convencidos de que esa región es el hogar que les dio Dios. El gobierno de Netanyahu podría resquebrajarse ante esta cuestión, dado que grandes partes de su propio partido, el Likud, y el mismo Bennett, podrían preferir anexionar Cisjordania.
Aún más complicado es el tema del futuro estatus de Jerusalén que alberga sitios sagrados de judíos, musulmanes y cristianos. Israel insiste que es su capital "eterna e indivisible". Los palestinos afirman que no aceptarían un Estado propio sin Jerusalén Oriental por capital.
Allí se encuentran el Monte del Templo con el Muro de los Lamentos, los sitios más sagrados para los judíos. De hecho, en 2000 fracasó una cumbre sobre Cercano Oriente por el importante tema de Jerusalén.
De un calibre similar es el destino de los refugiados palestinos del territorio del actual Israel que abandonaron su hogar tras la guerra de 1948-1949. El número de las personas que viven en los territorios palestinos y en los países vecinos de Israel se estima en cinco millones. Según la voluntad de Israel, no deben obtener ningún derecho al retorno. Para Abbas, ceder ante esto podría igualarse a un suicidio político.
Por otra parte, Israel insiste en garantías de seguridad: quiere que un posible Estado palestino sea desmilitarizado y que sus fronteras sigan siendo custodiadas por soldados israelíes, por lo que, según la voluntad de Netanyahu, también habrá soldados israelíes estacionados en el futuro en la frontera con Jordania.
Lo cual no se corresponde, justamente, con el Estado con el que suenan los palestinos. De todas formas, a varios israelíes les queda claro que el statuo quo no se podrá mantener por mucho más tiempo.
"Necesitamos una solución del conflicto porque no queremos un Estado binacional", dijo hace poco Netanyahu. El presidente de EEUU, Barack Obama, ya advirtió a Israel durante su visita en marzo y citó al ex primer ministro Ariel Sharon: "No podemos tener un Estado judío y democrático y a mismo tiempo querer controlar todo el territorio de Israel. Si insistimos en este tema, perderemos todo".