La era de la desnudez

Quitarse la ropa no era algo a lo que se animaban todos. Se pagaba un alto caché y llevaba tiempo convencer de que se trataría de algo “cuidado”. Hoy, todas se pelean por salir como Dios las trajo al mundo a cambio de prensa o, simplemente, mostrar su figura

Revista Caras 164
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Sería impensado que en la actualidad aquel mítico primer desnudo de Isabel Sarli causara el revuelo que generó cuando apareció como Dios la trajo al mundo en el film El Trueno entre las hojas en 1958. En las imágenes, la actriz aparece sin ropa bañándose en un lago y se convirtió en la primera en hacer un desnudo total en el cine argentino.

Y ni hablar de aparecer en Playboy. Se negociaban con tiempo las pretensiones de cada una, se ofrecía una interesante suma de dinero y aun así, no era necesariamente un "sí" el que iba a dar la invitada.

Eran otros tiempos. En la actualidad, el pudor de desvestirse frente a una cámara es cosa de unas pocas y es difícil pensar en que una modelo o una actriz se nieguen a hacerlo. Para algunas es un paso obligado para formar parte del mundo de la fama, pero otras que no lo necesitan y ya lograron hacer una carrera con su nombre también se someten a posar sin ropa.

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"Es lo que vende. El cuerpo ha pasado a ser el nuevo Dios. Estamos viviendo una época donde se endiosa al cuerpo de una manera que es llevada a lo máximo. Y todo esto gracias a la ciencia. En general, son cuerpos intervenidos por las cirugías o tratamientos. Es una nueva estética que tiene que ver con la intervención de la ciencia", explicó Any Krieguer, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina, y agregó: "Es la demostración del cuerpo como el bien supremo, ¿y si no por qué tanta cirugía? Es el imperio del cuerpo. Pero no de cualquiera, todos los que se muestran y se ven están intervenidos".

Cuando antes los desnudos pertenecían a las revistas para público adulto, hoy aparecen en cualquier publicación de interés general y hasta en la web. En general, son imágenes provocadoras en las que se ve el cuerpo sin ropa, pero lo suficientemente cuidadoso como para que no quede todo a la vista del público. Una pose bien planeada o algo que tape en lugares clave es suficiente.

"Hoy toda mujer que tenga que ver con el espectáculo se ve que tiene que pasar esa prueba para seguir perteneciendo. Así como uno en una carrera profesional tiene que pasar determinadas pruebas para estar, dentro de la profesión que tenga que ver con el show se ve que es necesario posar con poca ropa", consideró Krieguer.

Pero esa fórmula no se aplica para todas. Por ejemplo, el caso de Marina Calabró, quien ya construyó su trayectoria en los medios, tiene un apellido respetado y no necesita de fama para seguir vigente, realizó una osada producción de fotos para una revista semanal en la que aparecía semidesnuda.

Otra de las que se mostraron sin pudor en los últimos días y cuya imagen recorrió los medios durante varios días, fue Micaela Breque, la pareja de Andrés Calamaro. En una isla, posó para la tapa de una publicación con sólo un sombrero.

"Hay como una especie de presión por la cual tienen que hacerlo. Hay una cierta imposición de que hay que aparecer como un objeto para la mirada del otro. Es un imperativo. Hay una necesidad de agradar a un otro. Como si un circuito no se completara si uno no agrada", consideró Marcos Mustar, psicoanalista y docente de la Universidad de Palermo.

En ese sentido, el especialista consideró que hay un acostumbramiento de ver tantos desnudos que terminan por dejar de ser eróticos.

"Se pierde la dimensión de lo íntimo. Algo que estaba reservado para el espacio íntimo, ahora se vuelve público. Ese borde se corre. A veces, pareciera que la vergüenza o el pudor fueran un resguardo que no se deberían tener. De alguna manera se termina naturalizando algo que en otro momento era considerado obsceno", explicó.

A veces, ser dueñas de una figura esbelta es motivo más que suficiente para exponerlo y, por qué no, compartirlo con el público. "En algunos casos se busca demostrar que se está tan bien como una adolescente. Cierto lugar que tiene que ver con el narcisismo", evaluó Mustar, al tiempo que consideró que, en muchos casos, es mantener una "ilusión" de que a los 40 se puede estar igual que a los 20 años y en realidad la tecnología juega un rol fundamental al servicio de la idea de que "no envejecemos" gracias a los retoques digitales.

"La relación del sujeto con el cuerpo cambió. No hay demasiado pudor, la vergüenza se ha perdido bastante, eso no sé de qué manera se va a recuperar", añadió Krieguer, al tiempo que Mustar concluyó: "Pareciera como banalizarse el tema de la desnudez, que termina siendo algo trivial". Parece ser que todas quieren jugar a ser femme fatale, al menos, por un rato.

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