El Partido de la Independencia, conservador, y el Partido del
Progreso, liberal, lograron juntos una mayoría absoluta del 51,1 por ciento de los votos.
El nuevo gobierno, que cuenta en el Althing, el Parlamento
islandés, con el apoyo de 38 de los 63 diputados, estará encabezado por el líder del Partido de la Independencia, Bjarni Benediktsson, de 43 años.
Benediktsson pretende poner fin a las negociaciones impulsadas por el gobierno de la primera ministra saliente, Jóhanna Sigurdardóttir, para la integración de Islandia en la Unión Europea. El político conservador sostiene que la isla, de 320.000 habitantes, tiene mejores perspectivas económicas sin pertenecer al bloque comunitario.
La Alianza Socialdemócrata, de Sigurdardóttir, sufrió un descalabro al caer del 29,8 al 12,9 por ciento de los votos, al igual que su socio, la Izquierda Verde, cuyo apoyo en la población se desplomó del 21,7 al 10,9 por ciento.
La debacle de los dos partidos que han gobernado Islandia desde 2009 es consecuencia del extendido malestar entre los islandeses con el reparto de los sacrificios en la política de austeridad aplicada por el gobierno tras el colapso del sistema bancario en la isla en 2008.
Para superar la crisis, los conservadores apuestan sobre todo por rebajas tributarias, mientras que el Partido del Progreso exige ayudas para aquellos hogares cuyas deudas crediticias aumentaron drásticamente a causa del colapso bancario.
Esta demanda le reportó al Partido del Progreso una ganancia electoral de nueve puntos porcentuales, la segunda más alta entre todos los partidos, para convertirse en la segunda fuerza política de Islandia con el 25,4 por ciento de los votos, detrás del Partido de la Independencia, que consiguió un 23,7 por ciento.
En el nuevo Parlamento islandés estarán representados por primera vez el recién fundado partido Futuro Luminoso, con seis mandatos, y el Partido de los Piratas, con tres diputados. La participación electoral alcanzó el 83,3 por ciento.