Había quedado obsoleto. Era demasiado lúgubre y laberíntico para competir con los museos modernos, sofisticados, agradables, funcionales. Así que en 2001 el Rijtmuseum llamó a concurso. Y España exportó el talendo de dos extraordinarios arquitectos sevillanos, Antonio Cruz y Antonio Ortiz, para que llevaran adelante su proyecto.
Nadie imaginaba que ese proyecto se haría realidad recién en 2013. Las sorpresas no dejaban de hacer su aparición, como si fueran números de circo: al excavar unos metros para sacar tierra el agua empezó a inundar el viejo edificio. Los arquitectos sevillanos desconocían dos famosos dichos del lugar. Uno reza: "En Amsterdam no puedes cavar sin acabar mojado". El otro reza: "Si quieres hacer un agujero, ve buscando a un marinero".
Luego se sumó la dictadura de los ciclistas que querían seguir usando el pasaje central que divide al museo y que conecta el norte con el sur de la ciudad de Amsterdam.
Durante dos años los ciclistas paralizaron los trabajos. Hasta que en 2009 se llegó a una solución pactada por los ciclistas y el municipio y el proyecto se desbloqueó. Sólo durante 60 días a partir de hoy, los ciclistas no podrán usar el preciado pasaje.
A lo largo de estos años los arquitectos tuvieron que pedir 80 permisos y lidiar con cuatro clientes poderosos: el Ministerio de Obras Públicas, el Ministerio de Cultura, los responsables del Museo y la Municipalidad de Amsterdam. El presupuesto se inflaba día a día, llegando hasta los 375 millones de euros.
Estos días la fachada del Rijksmuseum lucía un reloj que marcaba la cuenta regresiva. Hoy, la reina Beatriz de Holanda, antes de entregarle el trono a su hijo Guillermo (la ceremonia está prrevista para el 30 de abril) inaugurará el nuevo Rijksmuseum. Sólo algunos (pocos) medios especializados tuvieron acceso a las instalaciones para dar su veredicto. Carol Vogel, del New York Times, y Edwin Heathcote, del Financial Times dieron el visto bueno. Teniendo en cuenta el cartacter despiadado de los críticos (Carol Vogel, por ejemplo, no tuvo empacho en criticar negativamente en el New York Times el nuevo edificio del New York Times), el resultado es promisorio.
Situado en pleno corazón de la ciudad, cerca del Museo Van Gogh (cerrado también por reformas hasta mayo) y del Stedelijk Museum, el Rijksmuseum ocupa un edificio creado en 1885 por Pierre Cuypers, de estilo tardorromántico.
Antonio Cruz y Antonio Ortiz quisieron recuperar su aspecto original, desvirtuado entre un 80 y un 90%: abrir los patios, rescatar pinturas de los almacenes... "Cuypers era un católico del sur de Holanda y dio al edificio un aspecto demasiado catedralicio, demasiado católico para los calvinistas", comenta Antonio Ortiz. El resultado: los espacios se blanquearon, perdiendo sus decoraciones, que ahora se recobraron gracias a la documentación que se conserva.
"Nuestra intervención ha sido muy respetuosa con el edificio original de Cuypers –advierte Antonio Ortiz–: es una arquitectura moderna, pero de gran naturalidad, intemporal, mesurada".
La consigna de los clientes fue clara: "No queremos un museo mayor –dijeron–, sino mejor. Es por eso que apenas ganaron espacio para expisiciopnes. El edificio tiene 30.000 metros cuadrados, de los cuales 12.000 son para exposiciones. Del más del millón de piezas que atesora el museo y que abarcan 800 años de historia, se exhibirán solamente unas 8.000, distribuidas en 80 salas.
Naturalmente, en el centro del escenario está la celebérrima La ronda de noche, de Rembrandt, ya convertida icono del museo. Es la única obra que recupera su lugar original, en la sala más importante del museo. Entre otros tesoros se encuentran las cuatro pinturas de Vermeer que el Rijksmuseum tiene en su colección y que son la envidia de todos los museos del mundo.
Un espectacular espacio público de 3.000 metros cuadrados, que une los dos patios originales recuperados, es el sello de identidad del nuevo Rijksmuseum. Es de acceso gratuito, con negocios y bar.
Las colecciones del museo están distribuidas en cuatro plantas: en la baja, Edad Media y Renacimiento. El primer piso alberga pinturas de los siglos XVIII y XIX; el segundo, el siglo XVII; y los torreones del tercer piso acogen el siglo XX, que se incorpora por vez primera al museo. La museografía estuvo a cargo de Jean-Michel Wilmotte, que ya decoró algunos espacios del Louvre. Las paredes fueron pintadas de colores oscuros, para aportarle dramatismo a las piezas.
El museo abrirá todos los días de 9.00 a 17.00 horas. La entrada costará 15 euros y las autoridades estiman que pasarán de los 1,1 millones de visitantes anuales que tenía antes de cerrar en 2003 a 2 millones.
El nuevo y polémico logotipo, que inunda los carteles y el merchandising, es obra de Irma Boom, diseñadora gráfica holandesa, que tuvo la osadía de separar Rijskmuseum en dos palabras (Rijks y Museum) y de esconder parte de la i en la j. Toda una herejía, que generó mucha polémica en una sociedad donde se discute por cualquier cosa.
Además del edificio principal, el Rijksmuseum cuenta con otros espacios alternativos: el Atelier Building (taller de restauración), abierto en 2005; un Pabellón Asiático; el Entrance Building (entrada de personal, carga y descarga de obras...) y en 2014 las salas del Ala Philips, que durante la última década mostró los tesoros del Rijksmuseum, se convertirán en las salas de exposiciones del museo. A la biblioteca solamente tuvieron que lavarle la cara. Wim Pijbes, director del Rijksmuseum, dice, no sin orgullo, que el museo "se reinventó: es un museo imaginativo, audaz y atractivo". Pijbes tiene razón: es un museo del siglo XIX para el siglo XXI.
Rembrandt y Vermeer, entonces, pero también Jan Steen, Adriaen Coorte, Frans Hals y el resto de los genios del XVII volverán hoy a casa. La prensa del mundo está presente (deambulan esta semana por Amsterdam 500 periodistas acreditados de todo el planeta). La larga espera terminó.
Las primeras críticas al trabajo de los arquitectos sevillanos y las opiniones vertidas en voz alta entre los habitantes de Amsterdam (gente muy poco dada a la lisonja y muy orgullosa de su terca participación en las decisiones de la comunidad), indican que este será un trabajo consagratorio como arquitectos.