Apenas unas semanas atrás, Chipre era sólo una bella y soleada isla del Mediterráneo, el decorado de las novelas de Lawrence Durrell, el retiro preferido de los ingleses, o el refugio financiero de rusos, en su mayoría sospechados de corrupción. Pero todas esas señas particulares quedaron atrás cuando se empezó a hablar del "riesgo sistémico", una forma delicada de decir contagio, la puerta de una epidemia que podría significar el principio del fin de la Europa unida.
El ministro español de Economía, Luis de Guindos, desestimó el viernes esa posibilidad, pero sin embargo, instó al Parlamento chipriota a presentar en las próximas "horas", más que en los próximos días, una propuesta para evitar la quiebra del país. Si así ocurriera (España ya tiene un 26% de pobres y 6,4% de ellos –tres millones de personas– en estado de pobreza extrema, según Caritas), los ahorristas de los bancos ibéricos podrían sentir la inquietud de retirar su dinero de sus bancos.
La isla mediterránea representa tan sólo el 0,2% del PIB del bloque monetario, con apenas 1,1 millones de habitantes, pero se ha convertido en la última de las pesadillas que inquietaron el sueño de la Eurozona: Irlanda, España, Portugal, Italia y Grecia.
Los acreedores de Chipre (la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo) prometieron de inmediato un rescate de 10.000 millones de euros para evitar la quiebra y refinanciar su deuda, pero la troika tiene sus caprichos: no le prestan dinero a los insolventes, por lo que Chipre debía aportar 7.000 millones de euros, de los cuales 5.800 millones serían recaudados mediante gravámenes a los depósitos bancarios.
El 91% de los ciudadanos estaba en contra, y el Parlamento votó el miércoles pasado en la misma proporción contra la medida. El gravamen que se buscaba cobrarles a los depósitos era del 6,75% para los menores de 100.000 (a pesar de que estuvieran garantizados en toda Europa), un 9,9% para los superiores a esa cifra, y un 20% a los mayores de medio millón de euros, los que representan el 42% de los depósitos totales. Con el contundente rechazo, se extendió el feriado bancario hasta el martes y se limitaron las extracciones por cajero automático a 260 euros. Nacía en Europa el primer "corralito".
Para el martes, día en que supuestamente terminará el feriado bancario, el escenario aún es incierto. La corrida bancaria será evitada por duros controles y la imposibilidad de girar dinero al exterior. Mientras tanto, la prensa y enfurecidos manifestantes, piden se investigue quienes filtraron información privilegiada a los ahorristas que retiraron de los bancos de Chipre más 5 mil millones de euros antes de que se declarara el "corralito".
Alemania no atiende oraciones
El Estado ruso y varios de sus ciudadanos son los tenedores de la tercera parte de los 68 mil millones de euros depositados en bancos chipriotas. El ministro de Finanzas de Chipre voló a Moscú para pedir ayuda. Aseguró que no se movería de allí hasta encontrar una solución, pero se volvió con las manos vacías, a pesar de haber ofrecido a cambio de apoyo una base naval en la isla y la explotación de los yacimientos de gas recién descubiertos.
Por su parte, la canciller de Alemania, Angela Merkel, se mantuvo inflexible. "La paciencia de los europeos tiene un límite", dijo. "Aún creo que tendremos un acuerdo, pero Chipre está jugando con fuego", comentó el líder del Parlamento del Partido Demócrata Cristiano de Merkel, Volker Kauder. La cesación de pagos podría provocar consecuencias en el resto del continente, opinaba la prensa. La confianza empresarial alemana estaba debilitándose, según el indicador del Instituto Ifo, con sede en Múnich.
A sólo seis meses de elecciones en Alemania, un sondeo para el canal de televisión ZDF mostró que los alemanes también están preocupados. Casi dos tercios de los germanos prevén que la crisis empeorará y casi la mitad de ellos teme por sus ahorros.
Sin alternativas, gravan los depósitos
Fracasado el primer intento a la imposición de la quita a los depósitos, surgieron dos posibilidades para reunir el dinero: los fondos de la Iglesia ortodoxa y de la Seguridad Social, esta última rechazada por el BCE. Por su parte, el arzobispo Chrysóstomos II dio su consentimiento en persona a la asistencia financiera y puso los bienes de la iglesia a disposición del gobierno. "Podemos hipotecar toda esta propiedad, y con el dinero que saquemos comprar bonos del Estado para salvar el sistema bancario del país", dijo. "Como todos saben la propiedad de la Iglesia es inmensa", agregó. La Iglesia posee un enorme patrimonio inmobiliario y es uno de los principales actores económicos de la isla, pero la legislación vigente le impide esas maniobras. "Con semejantes comportamientos, el euro no puede resistir; no digo que se vaya a hundir mañana pero con los cerebros que tienen en Bruselas, está claro que a largo plazo no aguantará, y lo mejor es reflexionar sobre cómo escapar de ello", afirmó el sábado Chrysóstomos en rueda de prensa.
De todas maneras, luego de una semana de frenéticas idas y vueltas, a las autoridades chipriotas no le quedó más que aceptar las presiones de la "maldita" troika de gravar los depósitos mayores a los 100.000 euros en un 20 por ciento. El martes se mantendría el congelamiento de ahorros y sólo se podrán realizar transferencias con permisos especiales. Hoy por la noche, los ministros de Finanzas de la eurozona se reunirán en Bruselas con autoridades chipriotas para cerrar el acuerdo y controlar la paciencia de "los buenos europeos".