"Soy fascista, pero no racista. Hago el saludo romano para saludar a mis aficionados y a los que comparten mis ideas. Este brazo tendido no quiere nunca ser una incitación a la violencia y menos al odio racial", dijo el delantero Paolo Di Canio, cuando jugaba para Lazio.
El atacante celebraba sus tantos extendiendo el brazo, como lo hacían las tropas fascistas por lo cual el Comité de Disciplina lo sancionó con 10 mil euros de multa. Pero a los pocos partidos, el jugador repitió su gesto.
"Estamos en democracia y yo estoy muy orgulloso de ser romano, así que festejé el gol con el saludo romano, que lo hacían Marco Antonio y Adriano, 2000 años antes de Mussolini. Y aparte, hay que tolerar cada cosa. Algunos hablan maravillas de uno como Fidel Castro, cuando Cuba es la cárcel a cielo abierto más grande del mundo, donde los opositores aún desaparecen, y me vienen a romper las pelotas a mí por cómo festejo los goles, cuando jamás tuve un incidente racial contra nadie. A uno que dice ser comunista nadie lo acusa de los crímenes del pasado comunista, pero si uno dice que es de una extrema derecha democrática parece que pasa a ser un monstruo", dijo.
Un caso similar fue el del volante Pavel Horvath, del Sparte Praga, que recibió una multa de 7.250 euros por realizar un gesto similar en un partido. Cuando los hinchas comenzaron a entonar algunos cánticos racistas, él se acercó a ellos y levantó el brazo en dos ocasiones para pedirles calma, según explicó. Pero el Comité Disciplinario lo interpretó como un saludo nazi.
En 1996, el arquero australiano Mark Bosnich fue sancionado por realizar un saludo nazi a los espectadores del Tottenham Hotspur, club con un gran número de seguidores judíos. El entonces portero del Aston Villa, escribió una carta pidiendo perdón por su acción, aunque recibió una multa de 1.000 libras.
Robin Van Persie también tuvo que dar explicaciones por un polémico festejo en la victoria ante Chelsea por 5 a 3 en 2011. El holandés corrió hacía la parcialidad de los Gunners e hizo gesto similar al que usaba Hitler para saludar a sus tropas.
"Me han llamado la atención algunas ridículas acusaciones con respecto a la celebración de uno de mis goles. Es totalmente ridículo sugerir que mi acción podría interpretarse de una forma distinta a una muestra de alegría y celebración", aseguró.
Entre los argentinos, el ex atacante de Vélez Mauro Zárate se vio envuelto en una extraña situación cuando vi un partido junto con la facción más radical de los simpatizante de Lazio y motivado por los hinchas hizo un saludo nazi.
En 2011, la selección femenina de fútbol de Estados Unidos durante un partido en el Mundial ante Alemania se acercó a la tribuna para saludar a un grupo de militares y lo hizo extendiendo su brazo, en un gesto lleno de polémica.
La estrella del Real Madrid, y máximo goleador de la historia de la Champions League, Raúl González, también se vio en problemas. En este caso el delantero aceptó un premio que le otorgó la Ultra Sur, barra que se caracteriza por ser altamente radical y que tiene tintes nazis y fascistas. Si bien nunca aceptó simpatizar con esa ideología, en varias ocasiones se le retrató con sus banderas y símbolos.
Christian Abbiati, arquero del Milan, nunca negó la admiración que siente por Mussolini y en una entrevista hace un par de años, dijo: "Comparto con el fascismo ideales como la patria, el orden social y los valores de la religión católica... No me avergüenzo de manifestar mis creencias políticas".
En ese momento, su celular tenía como ringtone el "Faccetta Nera", himno fascista. Sin embargo, aclaró que hay ciertas posturas de esta corriente que rechaza totalmente, tales como el racismo y algunas prácticas de Hitler, aunque reconoció que le gustaba su capacidad para asegurar el orden.
También dos campeones del mundo con Italia en 2006 protagonizaron hechos polémicos. Gianluigi Buffon, en 2000, cuando jugaba para Parma, decidió llevar el número 88, cifra relacionada con Hitler y en otra ocasión, mostró una camiseta con la frase mussoliniana "Boia chi molla" ("A la guillotina el que se rinda").
Además, durante la celebración del título conseguido en Alemania apareció con una pancarta que decía "Fieri di essere italiani" ("Orgullosos de ser italianos"), acompañada de una cruz celta, empleada actualmente por diversos grupos ultraderechistas, neonazis y supremacistas de Europa.
Fabio Cannavaro, por su parte, celebró el campeonato del mundo ondeando una bandera italiana de los años fascistas. El defensor se disculpó y dijo que se la dio un aficionado de la tribuna, por lo que no se fijó realmente de lo que se trataba. Pero en varias se lo vio entregando camisetas a simpatizantes ultra radical y en alguna ocasión dijo que estar en contra del matrimonio igualitario sólo por ser italiano.