En el amanecer del viernes 8 de febrero, la investigación de la masacre ferroviaria de Once se oscureció.
Eran las 6 de la mañana cuando un vecino de Villa Ariza -zona humilde del partido bonaerense de Ituzaingó- se sorprendió al ver a una persona extrañamente recostada sobre la columna del refugio de la parada del colectivo 269, situada en la esquina de las calles José María Paz y Malabia.
El cuerpo que permanecía inmóvil y nunca más volvería a reaccionar era el de Leonardo Ariel Andrada, un hombre de 53 años que acababa de ser asesinado de cuatro disparos por la espalda en un presunto intento de robo, en el que los malvivientes optaron por llevarse sólo un teléfono celular pese a que la víctima además tenía una mochila y $1.200 en el bolsillo.
El crimen trascendió inicialmente como un episodio más de inseguridad; hasta que se supo que el fallecido era un
vinculado al gremio de La Fraternidad, considerado un
en la investigación de la tragedia. ¿La razón? El 22 de febrero de 2012, a las 7:20 de la mañana,
finalizó su turno laboral en la estación Castelar y
(foto)
que a las 8:33 se estrelló en Once.
La confirmación de la identidad del hombre asesinado disparó decenas de especulaciones que giraron (todas) en torno a la posibilidad de que se tratara de un ataque mafioso, en el marco de la causa que busca determinar quiénes son los responsables de la masacre en la que 51 personas perdieron la vida y más de 700 resultaron heridas.
Esas mismas teorías se potenciaron por otro episodio cuanto menos inoportuno: mientras los restos del maquinista eran velados, desconocidos irrumpieron en la casa donde la víctima residía junto a su actual pareja y su madre pero huyeron sin llevarse objetos de valor.
Andrada declaró en tres ocasiones en el sumario que instruyó el juez Claudio Bonadío: manifestó que el tren había salido con más pasajeros que lo habitual por retrasos en el servicio y denunció problemas en los frenos. Su testimonio se sumó a las pruebas que sirvieron para fundar la acusación contra los 28 acusados y será incorporado "por lectura" al futuro juicio oral.
Un crimen con sospechas compartidas
"Lo único que le quitaron (a Andrada) fue un celular, el dinero que llevaba encima no se lo sustrajeron. No está tan claro que se haya tratado de un robo, hay que investigar", manifestó Edgardo Reynoso, representante de la Unión Ferroviaria.
El secretario de Seguridad, Sergio Berni, también arrojó un manto de dudas sobre el crimen: "Es sospechoso, habría que seguir profundizando la investigación hasta tener datos y más certezas".
"Es un episodio lamentable por la muerte de Andrada y porque en líneas generales perjudica el curso de la investigación", consideró el abogado querellante Marcelo Parrilli, que no pudo vincular el homicidio con la causa que investiga la tragedia pero no dudó al aseverar que el episodio "inspira temor en el resto de los testigos".
A dos semanas del hecho, el asesinato del maquinista todavía es un misterio.