La largada revolucionó Lima, donde más de medio millar de personas se dio cita a orillas del Océano Pacífico (y sobre los acantilados que los rodean) para despedir a los más de 459 competidores que aspiran a llegar el 20 de enero a Santiago.
Los 76 participantes argentinos en la 35° edición del Dakar, la quinta en Sudamérica, cumplieron la tradicional bajada de la rampa en horas del mediodía y ya se encuentra en carrera.
Un intenso sol iluminó la capital peruana para darle la despedida a la caravana del Dakar, que se internó en el desierto. Hubo dos incidentes menores: una persona cayó desde 15 metros en un acantilado y por suerte sólo sufrió heridas menores; además, un excéntrico auto intentó colarse en el podio, pero luego de superar varios filtros fue detenido por el personal de seguridad.
Una de las particularidades que presenta esta edición del Dakar es la cantidad de policía destinada a custodiar a los pilotos y sus equipos, además de cuidar a los espectadores durante todo el recorrido. Miles de efectivos de seguridad y personal contratado se apostaron desde la madrugada en el distrito de Chorrillos para evitar cualquier inconveniente. Esta imagen se repitió a lo largo de todas las localidades por donde la caravana de vehículo pasó entre Lima y Pisco.
El desierto, la primera parada
El trayecto entre Lima y Pisco, donde se realizan las dos primeras etapas de la competencia, es una primera muestra de lo que serán las fases iniciales del Dakar 2013: una geografía desértica con caminos sinuosos que bordean y acompañan rumbo al sur del continente el Océano Pacífico.
Las dunas sirven como una palestra de los diferentes tonos que componen esta zona de Perú. Todo es gris y marrón: tierra y polvo, con pequeñas pecas verdes.
Ríos y caminos secos y un intenso sol compusieron los primeros planos de la película del Dakar 2013, y sobre este fondo, una extensa y colorida caravana de vehículos (de todo tipo) marchan rumbo a la meta.
Esta escena sólo fue alterada por el colorido campamento del Dakar emplazado en el medio de las dunas de Pisco. Un oasis de 12 hectáreas en el medio del desierto forma el Bivouac, donde los diferentes equipos se instalan para pasar la noche y preparar los vehículos para la siguiente etapa.
Con calles internas y sumergido en una intensa oscuridad durante la noche, los pilotos y sus asistentes despliegan sus carpas personales sobre la arena para dormir antes de seguir rumbo a Santiago de Chile.
La primera baja argentina
El piloto Santiago Hansen, que compite en cuatriciclos, se quebró el hombro durante la primera etapa y por tal motivo tuvo que abandonar la carrera. Este es el primer abandono para la delegación nacional en el Dakar 2013.