Fue una tarde de reveses para Adalberto Cuello. En un duro alegato, el fiscal Javier Ochoaizpuro dijo que el acusado planificó el secuestro y asesinato. Que lo pensó durante un mes y medio. Y que lo intentó hacer en varias oportunidades, hasta que el 15 de noviembre del año pasado tuvo su oportunidad, cuando Santos, el primo de Tomás Santillán con el que solía regresar del colegio, faltó a clases. El imputado lo abordó, lo subió a su auto, lo llevó hasta un predio rural y le dio tres golpes contundentes y mortales.
"Entiendo que Cuello supo discernir entre el bien y el mal. Tuvo la capacidad de comprensión de la conducta que estaba llevando a cabo. En consecuencia, y de acuerdo a ello, doy por plenamente acreditada la responsabilidad penal de Cuello", sostuvo el fiscal.
Ochoaizpuro le pidió al juez que le aplique la pena máxima de la legislación argentina, la cadena perpetua, pues considera que se trata de un homicidio agravado por alevosía y ensañamiento.
Más temprano, al mediodía, la testigo Natalia Cabral también complicó a Cuello. Inicialmente había declarado que vio a la novia del imputado, María Inés Márquez, secuestrar a Tomás. El fiscal no le creyó. Y ella terminó cambiando su versión: dijo que el padre del presunto asesino le ofreció una casa para que incriminara a la novia de su hijo.