A una semana de su preestreno en el Día de la Militancia y a días de su estreno en más de 110 salas de cine, los especialistas pusieron el ojo sobre Néstor Kirchner, la película, el documental dirigido por Paula de Luque que recorre la vida del ex Presidente, tanto de su vida pública como político como de su vida íntima.
Consultado por Infobae, el crítico de cine Gustavo Noriega aseguró que sobre Néstor Kirchner, la película "lo primero que hay que decir es que hay que evitar la tentación de 'normalizar' la película, diciendo que es muy mala, regular o buena, como si fuera cualquier otro estreno. La película es una anomalía para el cine argentino".
"Se hizo dos veces (Adrián Caetano dirigió la primera), se presentó en el Luna Park, salió con un número disparatado de copias, tuvo una venta de entradas inflada y aberrante, fue recomendada por la Presidencia de la Nación. En consonancia con todos estos datos, que la ponen en otro plano respecto de todo el cine argentino, está el contenido. Una película que tiene más que ver con la propaganda que con el cine, pero una propaganda para convencidos, chata, sin imaginación. La película es un spot del entretiempo del Fùtbol Para Todos estirado para mostrar a una figura idealizada, sin sombras, sin contradicciones. Peor que una propaganda de detergentes", explicó.
El periodista de América y América 24, Alexis Puig, destacó que el trabajo de De Luque tiene su pilar más fuerte en los momentos que muestra la intimidad de la familia Kirchner en formato súper 8.
"Creo que el gran acierto de la película es el material audiovisual correspondiente al archivo familiar. Viejas cintas súper 8 de enorme fuerza visual, que se destacan entre otros momentos más conocidos o vistos. Las texturas del fílmico hogareño ayudan a crear un clima de nostalgia que se percibe en gran parte del metraje. Es un film que apela a la emoción, y logra cautivar desde el primer fotograma. Es un ejercicio de estilo que puede resultar seminal para el género documental, por su osadía e innovación a la hora narrar una historia reciente", dijo a Infobae.
Por esas dos líneas, los cuestionamientos a su tono autocelebratorio y los elogios al material al que pudo acceder la directora (esas cintas eran propiedad del padre del ex Presidente, un aficionado al cine) y a la música de Gustavo Santaolalla, estuvieron las críticas publicadas en distintos medios.
En La Nación, Marcelo Stiletano expresó que cuando se ve el documental "pareciera que se está viendo más que un film": "De un lado, el retrato más intimista y humano representado por ocasionales imágenes de la Patagonia (espléndidamente fotografiadas por Marcelo Iaccarino), por el bello leit motiv ejecutado en charango por Gustavo Santaolalla y los testimonios personales, entre los que figura un puñado de personas desempleadas que a partir de la gestión kirchnerista consiguieron ocuparse en el Estado. Del otro, ampulosas orquestaciones como envoltorio de las autoglorificadas gestas políticas que se llevaron adelante en los últimos años."
Pablo Raimondi en Clarín opinó de manera similar a Alexis Puig, aunque remarcó que hay una decisión de la directora que no ayuda al espectador de esta biografía autorizada: "Lo más rico de la película es el material de archivo en súper ocho cedido por la familia del santacruceño. Allí se aprecia el micromundo costumbrista del ex mandatario. Sorprende que no se aclare el nombre de la mayoría de quienes hablan ante cámara o en off. Este recurso genera confusión en su hilo narrativo, pierde rigor documental, aunque es claro que el recorte de la historia es el Kirchner militante, en perspectiva histórica."
"De Luque inicia un recorrido en dos aspectos: el mundo privado –el menos conocido– y el público de Kirchner. A este último lo establece prácticamente en orden cronológico, mientras que al otro lo narra en un sentido más atemporal. Pero donde gana intensidad la película es en el cruce de ambos, porque permanentemente esos dos mundos se entrelazan, dialogan y proponen una completud de la figura de Kirchner por parte del espectador. Es que ambos son indisociables, se sabe: no puede ir el sentimiento político de una persona por un andarivel, y el privado, su humanidad, por el otro. Porque en la política se ponen en juego ideales y valores humanos que tienen efectos concretos en la cotidianidad de una sociedad", escribió Oscar Ranzani en Página 12.
Mientras que en Tiempo Argentino, Hugo Sánchez se refirió a la mirada que impuso la directora -que en muchas entrevistas se definió como "kirchnerista"- "desde la admiración y el sentimiento". "Le escapa al esperable tono épico y hace una puesta que no renuncia a los hitos de la gestión de Kirchner –la cumbre donde se plantó frente al ALCA, la decisión de hacerle frente al FMI, el histórico 'Proceda' cuando hizo descolgar los cuadros de los dictadores Jorge Rafael Videla y de Roberto Bignone del Colegio Militar–, pero además, da cuenta del amor entre Néstor y Cristina y en ambos, como emergentes de una generación que entendió que la política era el único instrumento para cambiar el estado de las cosas".
No sólo en la Argentina reseñaron el documental de Paula de Luque. El New York Times publicó una crítica lapidaria sobre el film firmada por Daniel Politi: "La película pudo haber nacido del dolor por la pérdida de un líder político, en el contexto actual de descontento se convierte en otra cosa: un grito de batalla final para un movimiento político que puede estar llegando a su fin".